Al concejal Rafael Sanchez le preocupa agonia del río Canca que muere bajo peso de basura y la indiferencia

CODIGO32-SIPRED
Por Rey Arturo Taveras

CANCA LA PIEDRA, R.D. El Río Canca ya no murmura con alegría el futuro promisorio de la naturaleza que arrastraban sus aguas como lo hacía antes. 

Su corriente, que alguna vez fue espejo del cielo en la tierra  y canto de piedra limpia en el universo, hoy arrastra el silencio espeso de la contaminación en las otroras cristalinas y hoy sucias y peligrosas aguas. 

Ante esta realidad, el concejal Rafael Sánchez ha levantado su voz con visible preocupación para pedir auxilio  ante un mal que compete a toda la sociedad.

Rafael no habla solo como edil, sino como ciudadano herido por el deterioro de un afluente que ha sido vena viva de la comunidad.

“El Río Canca no es un vertedero. Es vida”, ha reiterado con firmeza, mientras observa cómo en pleno cauce se acumulan desechos sólidos y residuos que amenazan con convertir el afluente en una herida abierta.

La situación, según denunció, incluye la presencia de basura y descargas de aguas residuales que van tiñendo de sombra lo que antes era transparencia, producto de un asentamiento haitiano a orillas del río en el área de Pueblo Nuevo. 

Cada bolsa plástica atrapada entre las piedras parece una bandera blanca de rendición; cada residuo flotante, un presagio de muerte lenta.

El edil manifestó que la contaminación ocurre ante la vista de todos, y subrayó que las autoridades de Medio Ambiente, así como las instancias municipales y nacionales, deben actuar con urgencia para evitar que el río termine convertido en un cadáver líquido.

“El río Canca no puede seguir respirando desechos, necesita oxígeno institucional, voluntad política y conciencia ciudadana”, expresó.

Sánchez hizo un llamado a la responsabilidad comunitaria, recordando que la defensa del medio ambiente no es tarea exclusiva del Estado, sino compromiso compartido. 

“Proteger el río es protegernos nosotros mismos. Defender su cauce es defender nuestra propia sangre”, afirmó.

La preocupación del concejal no es retórica ni pasajera; es un grito que busca despertar voluntades. 

Advierte que, de no intervenir a tiempo, el afluente podría perder su capacidad de regenerarse, arrastrando consigo biodiversidad, salud pública y dignidad ambiental.

La urgencia es inaplazable y el Río Canca, como un anciano sabio al que nadie escucha, aún murmura entre piedras su pedido de auxilio.





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