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Amargo de Berro: el licor de los bohemios de Tamboril que se resiste a morir en el olvido

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CODIGO32-SIPRED-RELATO DATOS: Pedro López  y Rómulo Abreu  REDACCIÓN: Rey Arturo Taveras  En  Tamboril , donde el sol madruga con olor a tabaco y el anochecer guarda cuentos en los bolsillos vacíos, nació la degustación colectiva del '' Amargo de  Berro '' , un licor con nombre de verso y alma de travesura, acogido por los bohemios de este laborioso pueblo de la provincia de Santiago como el suero de la calentura. Fue una bebida que la parió  Isidro Bordas  como quien lanza una botella al mar con fe de beatas, con picardía de humorista y con ese “a ver qué pasa” tan dominicano, que casi siempre pasa lo que se desea ocurra, lo que  al día siguiente se comenta a medias.  Fue efímero, sí, como las luciérnagas o los amores de fiestas patronales, pero dejó una estela que todavía arde en la garganta del recuerdo y en la calentura del hígado de la memoria quemada de los bebederos. El   '' Amargo de  Berro ''  encontró acogida cas...

El taxista que huye de sí mismo, atrapado por su propia sombra

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CODIGO32-SIPRED-RELATOS Por Rey Arturo Taveras   En las calles y esquinas del pueblo de Tamboril, ese territorio donde el asfalto escucha más confesiones que los curas en los templos, circula un taxista que no huye del tráfico, sino de la sombra de sus pensamientos. Conduce como quien escapa de un espejo, mira atrás con desconfianza, teme al tiempo y al porvenir, sospecha de todo lo que respira en su entorno.  Huye de sus propios pensamientos y de enemigos imaginarios que, en su mente, lo persiguen para llevarlo a la cárcel o empujarlo a la muerte. Según relatan pasajeros ocasionales y vecinos del barrio, el taxista vive bajo un estado permanente de alerta, atrapado en un temblor continuo de temores que limitan sus movimientos y le amputan la palabra.  El propio taxista ha confesado que el miedo le ronda como una sombra persistente y que  cada vehículo extraño que se estaciona cerca de su casa le parece un presagio que tramnsporta la muerte.  Sus ojos, atentos...

La Fiesta que se convirtio en una lucha legal en Punta Cana, R.D

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CODIGO32-SIPRED-RELATO POR REY ARTURO TAVERAS El plan era sencillo y hermoso:  despertar al abuelo Ercilio con     el cumpleaños número 90 abrazado por el mar del Caribe , en República Dominicana,  mientras el sol de Punta Cana le encendía la sonrisa que los años no habían logrado apagar.  La familia Fenton-Claxton, una constelación de casi treinta almas, llevaba meses organizando  ese sueño con la paciencia de quien borda un recuerdo para toda la vida. Pero aquel sueño, luminoso, cálido, casi sagrado, terminó convertido en una sombra que les mordió los bolsillos y el corazón, dejando una estela de sentimientos amargos que les hicieron tragar en seco la desilusión inesperada. Confiaron sus ilusiones a una supuesta agencia,  Gozo Travels , nombre que prometía alegría y terminó siendo un presagio invertido. También confiaron en una mujer que se presentó como  Heidy Candelario Martínez , recomendada por una amiga de un familiar… ese tipo d...

Cualquiera es un Cebo y no se da cuenta

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CODIGO32-SIPRED DATOS:  Pedro López, ingeniero y empresario REDACCION: Rey Arturo Taveras Transcurrían los años sesenta y Tamboril, con su alma de pueblo bullicioso y lengua siempre afilada, comenzó a parir una nueva palabra que se convirtió  en el mote mas sonoro en el municipio, el cual   se deslizó como cuchillo entre risas: “Cebo.” No era cualquier mote, era una  palabra que tenía el filo invisible de una daga envuelta en algodón de azucar con sabor a sangre en el paladar. Hasta entonces, la gente se conformaba con otros calificativos: “falda miá,” “falda triste,” “bola de perro.” Pero ninguno tenía la carga psicológica y social del temido “cebo”. Bastaba pronunciarlo para que el aire cambiara de color. El tamborileño sabía, con precisión quirúrgica, quién era un cebo y quién no. Cebo era aquel desafinado que no bebía ron en la esquina, que no se enamoraba ni bailaba merengue; aquel que, por no seguir el compás del pueblo, se volvía sospechoso de no te...