Ganar dinero vs. construir legado
CODIGO32-SIPRED
Por Johan Rosario
《...y también esa multitud que aplaude mientras hay pan, que llega con la copa en alto y la factura en tu mesa, que brinda con tu dinero, celebra tu abundancia y desaparece en silencio cuando el viento cambia.》Amigos del interés. Novias de plástico. Consejeros de ocasión que sugieren fiesta, exceso y derroche…pero nunca desde sus bolsillos, siempre desde el tuyo.
Por Johan Rosario
La riqueza no se mide en el estruendo del ingreso,
sino en el silencio del patrimonio que perdura. Muchos millonarios naufragan en la misma orilla donde alguna vez atracaron: un flujo brillante que se evapora cuando cesa el viento de la fama o del talento.
No siempre es despilfarro; a veces es simple ausencia de arquitectura. Otras veces son divorcios voraces, asesores ciegos, deudas que crecen como sombras… y también esa multitud que aplaude mientras hay pan, que llega con la copa en alto y la factura en tu mesa, que brinda con tu dinero, celebra tu abundancia y desaparece en silencio cuando el viento cambia.
Amigos del interés.
Novias de plástico.
Consejeros de ocasión que sugieren fiesta, exceso y derroche…pero nunca desde sus bolsillos, siempre desde el tuyo.
La abundancia verdadera aprende a mirar en silencio quién permanece cuando la música se apaga.
El ingreso es un río fugaz.
La riqueza, un bosque que se siembra.
Quien solo fluye, desaparece con la corriente. Quien transforma gotas en troncos, sobrevive a las estaciones y regala sombra a generaciones.
Pero nada de esto exige renunciar al latido de la vida.
No se trata de vivir en gris, sino de danzar con el presente sin hipotecar el mañana.
Viajar hasta que el horizonte se canse.
Cenar una noche cualquiera en Tulum, Ciudad de México o París, en Nairobi o frente a las pirámides de Egipto, en África.
Recorrer 86 países con el asombro intacto.
Volver una y otra vez a la voz que marcó el alma, más de 60 conciertos de Luis Miguel, sin que el disfrute devore el porvenir.
Eso también es riqueza.
La sabiduría está en el equilibrio invisible: disfrutar sin erosionar, brillar sin consumirse, dar sin desangrarse, pero dar siempre, amar sin perderse.
El enemigo silencioso no es la escasez, sino el desorden: cuentas revueltas, decisiones al calor de la emoción, liquidez que se evapora, confianza ciega en manos equivocadas.
Y así un día despiertas entre el vértigo y el asombro, preguntándote como El Chaval en su famosa bachata, ¿Dónde están esos amigos?
Desde fuera parece abundancia; por dentro, fragilidad, y por eso, sin cuidado, pudieras quedar atrapado en el relámpago o paréntesis de esa breve pero martillante e incisiva pregunta del popular artista criollo.
Los imperios que resisten siguen un rito distinto... consolidar antes que escalar, proteger antes que presumir, multiplicar antes que gastar, desterrar a ese ejército de adulones como se arranca la hierba mala de la tierra perdida: de raíz.
Cuando el patrimonio crece más rápido que el esfuerzo diario, nace la libertad verdadera: vivir a plenitud, ayudar sin miedo, compartir sin ruina… y aun así permanecer invulnerable, viajando, gozando, bebiendo y ayudando. Eso es entrar en verdadero "estado de flujo".
Pensar en décadas, no en trimestres. Preguntarse en voz baja:
¿Sobrevive esto sin mí?
¿Está la sangre protegida del tiempo y de las tormentas?
¿Hay raíces en monedas fuertes, en ingresos residuales incesantes, en geografías diversas, en estructuras que el olvido no tumba?
Quizás ha llegado el momento de dejar de aplaudir el rayo financiero y comenzar a honrar la constelación que permanece cuando la noche se apaga.
Tal como en su época ocurrió a su manera con figuras como Jesucristo, Gandhi u Osho, que siempre tenían mucho que dar, aún desde la humildad o escasez. Conocimiento, comida y abrigo. Eso es magia y esa magia está reservada para unos pocos.
Porque al final no cuenta cuánto ruido hiciste, sino qué luz sigue encendida cuando ya no estás y cuántas vidas cambiaste para bien.
Eso no es riqueza.
Eso es legado.

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