El taxista que huye de sí mismo, atrapado por su propia sombra
Por Rey Arturo Taveras Por Rey Arturo Taveras En las calles y esquinas del pueblo de Tamboril, ese territorio donde el asfalto escucha más confesiones que los curas en los templos, circula un taxista que no huye del tráfico, sino de la sombra de su propia vida. Conduce como quien escapa de un espejo, mira atrás con desconfianza, teme al tiempo y al porvenir, sospecha de todo lo que respira. Huye de sus propios pensamientos y de enemigos imaginarios que, en su mente, lo persiguen para llevarlo a la cárcel o empujarlo a la muerte. Según relatan pasajeros ocasionales y vecinos del barrio, el taxista vive bajo un estado permanente de alerta, atrapado en un temblor continuo de temores que limitan sus movimientos y le amputan la palabra. Por eso ya casi no sale a ejercitarse ni a pasear su mascota canina y se escabulle como conejo asustado en madriguera ajena. Padece un delirio de persecución que ha convertido la sombra en su enemiga y el silencio en refugio. Guard...