Amargo de Berro: el licor de los bohemios de Tamboril que se resiste a morir en el olvido
En Tamboril, donde el sol madruga con olor a tabaco y el anochecer guarda cuentos en los bolsillos vacíos, nació la degustación colectiva del ''Amargo de Berro'', un licor con nombre de verso y alma de travesura, acogido por los bohemios de este laborioso pueblo de la provincia de Santiago como el suero de la calentura.
Fue una bebida que la parió Isidro Bordas como quien lanza una botella al mar con fe de beatas, con picardía de humorista y con ese “a ver qué pasa” tan dominicano, que casi siempre pasa lo que se desea ocurra, lo que al día siguiente se comenta a medias.
Fue efímero, sí, como las luciérnagas o los amores de fiestas patronales, pero dejó una estela que todavía arde en la garganta del recuerdo y en la calentura del hígado de la memoria quemada de los bebederos.
El ''Amargo de Berro'' encontró acogida casi parroquial en un grupo de libadores tamborileños que bebían más historias que alcohol, aunque al día siguiente los efectos del Berro sepultaban las hazañas vividas la noche anterior, dejando solo vagas sospechas y una culpa sin pruebas de ofensas imaginarias.
En el parque Trina de Moya, al pie del frondoso y hoy desaparecido laurel, con la chata en la mano o enganchada en la cintura como arma blanca de alegría, se reunían Tomás Hernández Franco, Vencho, Gómez, Tinini, Teté, Felo y otros asiduos del vaso corto y la risa larga, esa que empieza en la garganta y termina en el suelo tumbada por el jumo.
Los compañeros de bebida de Tomás fueron también Mayillo López, Lliye Espinal, Chencho Pereira, entre otros. El último promotor del Amargo de Berro fue Domingo Gómez, junto a su hijo Víctor Gómez (La Polvera), compañero inseparable de tragos de Tinini Domínguez y Bolívar Capellán. Domingo tenía un grupo de bebedores que se llamaba Los Últimos, y cada quince días esperaban, con ansiedad casi religiosa, que les mandaran una caja de Amargo de Berro.
De Lliye Espinal se contaba en el pueblo que su esposa lo dejó porque “a él no se le paraba”… pero un día, borracho, caminando por el medio de la calle, se detuvo en la esquina del parque, al lado del Ayuntamiento, y vociferó:
-¿Qué hacemos nosotros tres aquí?
El pulpero Bololo salió de la pulpería y le preguntó:
-¿Y qué haces tú solo en medio de la calle? ¿Y quiénes son esos tres?
Lliye respondió, con la solemnidad del alcohol:
-Sí, somos tres: yo, el reloj y el huevo.
El fan club de los Bohemios del Amargo, fue una república nocturna sin fronteras ni constitución en la Pajiza Aldea del poeta Tomás Hernández Franco, Villa de Los Samanes.
En los juntes que los bebedores armaban se discutía de béisbol, de política sin mencionar a Trujillo, de mujeres, de fortunas imaginarias y de la vida misma, se perdonaban pecados y se inventaban otros, por si acaso.
Los colegas de tragos juraban que aquel licor no debía desaparecer, que tenía más futuro que pasado. Pero ya se sabe que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo aguante”. El Amargo fue un ron que, así como vino, también se fue y en Tamboril quedó sembrado como leyenda.
Los Bohemios también se han ido, arrastrados por la muerte hacia ese rincón del olvido donde las copas no se rompen y la sed no duele ni la resaca quema el higado .
Allí, en el ostracismo de la vida, sus almas se confunden con el espíritu del Berro, porque fue un alcohol tan afrodisíaco que su esencia no muere y perdura como vivencias bien contadas y mal recordadas.
Así que, “muerto el Berro, viva el cuento”. Mientras alguien nombre al Amargo de Berro, habrá una mesa servida en la memoria y una risa esperando turno para beber, aunque sea té de hoja de Berro… eso sí, bien cargado de nostalgia.

Excelente relato, con equilibrio de asombro elocuencia, tejido finamente por golpesitos de memoria y de recelos..
ResponderEliminarAcuoso en su sentir...picar08en sus arañas.
Siento que faltó Tomas Hernandez Franco, debajo de ése Laurel ya ausente...sin embargo: La lucidez del cuentero; emula las hazañas de un pueblo puntero en los designios del amor y la lucha por la vida.
Os felicito hermano mío
can el alma en el pecho y el corazón entre las manos y el sigilo.
Salud y un fuerte abrazo
Hay ciertas incoherencias en ese relato,que se puede enmendar. Los compañeros de bebidas de Tomás fueron Mayillo López, Lliye Espinal, Chencho Pereira otros. El último promotor del Amigo de Berro fue Domingo Gómez hijos Victor Gómez ( La polvera) compañero de bebidas Tinine Domínguez y Bolivar Capellan . Domingo tenía un grupo de bebedores que se llamaba "Los Últimos" y esperaban cada 15 días que le mandarán una caja de Amargo de Berro.
ResponderEliminarLa anécdota de Lliye Espinal se decía en el Pueblo que su esposa lo dejó porque a Él no se le paraba... pero un día borracho caminando por el medio de la calle se paró en la esquina del Parque al lado del Ayuntamiento y El vociaba qué hacemos nosotros tres aquí?"el Pupero Bololo salió de la Pulpería y le pregunto "que hacía en el medio de la calle y que no eras tres?" Y El le contesto. Sí son tres:Yo ,el reloj y el huevo.. MoMo
GRACIAS-MOMO-CORREGIDO
Eliminar