¿Tapar el sol con un dedo? La influenza y la desconexión oficial
CODIGO32-SIPRED-OPINIÓN
Por Johan Rosario
Mientras las clínicas privadas y hospitales públicos de Santiago, el Cibao y gran parte del territorio nacional permanecen abarrotados de pacientes con cuadros respiratorios agudos, principalmente influenza y otros virus estacionales, las autoridades sanitarias insisten en transmitir un mensaje de aparente normalidad que no coincide con la realidad que vive la población.
El reconocido médico Dr. Cruz Jiminián, figura central de la campaña actualmente al aire de Salud Dominicana, ha advertido públicamente sobre el incremento significativo de casos respiratorios, una percepción que no surge de especulaciones, sino del día a día en las salas de emergencia. Sin embargo, el discurso oficial sostiene que “todo está bajo control” y que la situación “se mantiene dentro de parámetros normales”.
La semana pasada celebramos la actividad anual de nuestra empresa y mi propio cumpleaños. De ese encuentro hermoso, concurrido y organizado con responsabilidad en el Salón Maguá del Hotel Gran Almirante, salimos contagiados la mayoría de los asistentes, incluyendo al popular merenguero típico Krisspy, quien amenizó el evento. Como consecuencia directa, nuestra organización ha visto reducido su personal operativo activo en casi un 70 %, producto de incapacidades médicas asociadas a influenza tipo A (H3N2) y otros virus respiratorios.
Este no es un caso aislado. En el ámbito artístico, social y laboral se multiplican los testimonios de personas hospitalizadas o con síntomas severos. Figuras queridas como el bachatero y amigo Kiko Rodríguez, compueblano nuestro, y mi hermano El Príncipe -Juan Alberto Peña- productor del espacio "El Bastión Internacional ", han enfrentado complicaciones de salud que reflejan la dimensión humana del problema.
Las salas de emergencia están saturadas. Los síntomas se repiten: fiebre alta persistente, vómitos, diarreas, náuseas, dolores musculares intensos, debilidad extrema y afecciones respiratorias que obligan a reposos prolongados. Esta no es una estadística fría; es una realidad que afecta productividad, familias, escuelas y empresas.
Nadie sensato pide alarmismo. Pero minimizar el problema tampoco es una política pública responsable. Gobernar implica comunicar con transparencia, reconocer los retos sanitarios y orientar con claridad a la ciudadanía. La salud no se maneja con eufemismos.
Cuando desde el despacho oficial se afirma que todo es “previsible y normal”, mientras miles de dominicanos hacen filas en emergencias, surge una peligrosa desconexión entre el discurso institucional y el pulso real del país.
Reconocer un brote estacional no significa declarar pánico; significa activar protocolos preventivos, reforzar campañas de vacunación, educar a la población y fortalecer la atención primaria. Decir la verdad no debilita al Estado: lo fortalece.
La población merece información honesta, oportuna y empática. Porque la salud pública no se administra con maquillaje estadístico, sino con responsabilidad, humanidad y liderazgo.

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