Nuevo jefe de la P.N podria ser un general sin ruidos y sin campaña mediática

CODIGO32-SIPRED
Por Rey Arturo Taveras

La batalla por la dirección de la Policía Nacional se ha convertido en un espectáculo propio de temporada electoral, pero con uniforme.

En lugar de preservar el silencio institucional, algunos generales han optado por la ruta del micrófono utilizados a su favor, cartas y columnas de prensa disfrazadas de “opinión ciudadana”, acompañadas por un coro de comunicadores que promueven nombres como si la jefatura fuera un concurso de popularidad.

Mientras tanto, el presidente Luis Rodolfo Abinader mantiene un silencio inquietante. En el Palacio se comenta que no le atrae el aspirante más visible, sino el más prudente: el que no está en campaña ni necesita voceros oficiosos.

En los corrillos del poder, donde la realidad suele rozar la sátira, se dice que ciertos generales intentan impresionar al mandatario, no con planes de seguridad, sino con gestos personales: regalos, diligencias y favores dirigidos al entorno presidencial, como cortejar a la madre y a la esposa del presidente con arreglos florales, haciéndole mandados. Casi faltaría verlos barriendo el patio o cuidando el perro de la casa.

Sin embargo, Abinader conoce la lambonería criolla y sabe que el Estado no se conduce con aplausos, titulares de prensa ni lisonjas radiofónicas. 

La sorpresa, por tanto, podría ser que el mandatario elija al general que no libra batallas mediáticas ni se promociona, al que entiende que la autoridad no se mendiga, sino que se gana y se ejerce.

Se habla de una competencia que ha derivado en maniobras más propias de una novela costumbrista que de una institución del orden: acercamientos interesados y respaldos ruidosos que pretenden sustituir el mérito profesional.

Como en las tragedias griegas, también aparece el coro: opinadores que impulsan candidaturas con cartas y análisis que poco tienen de reflexión institucional.

Algunos de esos textos no parecen periodismo, sino propaganda. Presentan la Policía Nacional como si fuera un partido político y no una entidad llamada a garantizar el orden público.

Sin embargo, el presidente sabe que una decisión de Estado no se define por presión mediática. El presidente es un hombre juicioso que entiende que el mando policial debe recaer en quien demuestre equilibrio, carácter y capacidad de trabajo, no en quien acumule más ruido en la sociedad y en los medios de prensa.

La autoridad se construye con resultados y firmeza, no con campañas encubiertas.

En medio del estruendo, por eso, cobra fuerza la posibilidad de que el elegido como director general de la Policia Nacional sea precisamente el general que no está compitiendo en los medios de prensa tradicionales ni en las redes sociales, sino cumpliendo su deber en silencio.

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