Visión de Johan Rosario encuentra eco en decisiones de Luis Abinader
SANTIAGO, R.FD.-En el ajedrez impredecible de la economía global, donde cada movimiento puede inclinar el destino de millones de personas, la palabra dicha a tiempo se convierte en brújula.
Así ocurrió cuando las reflexiones del empresario y periodista Johan Rosario, expuestas el pasado jueves 19 de marzo en el programa televisivo “El Bastión Internacional”, parecieron adelantarse , como relámpago que anuncia tormenta, a las decisiones económicas asumidas por el presidente Luis Abinader, tres días después.
Bajo la conducción del comunicador Juan Alberto Peña, Rosario habló con la serenidad de un estratega y la precisión de un cirujano económico: urgió al gobierno a blindar el país frente al alto oleaje del petróleo internacional, antes de que sus mareas encarecidas golpearan las costas del bolsillo dominicano.
Días después de su pronunciamiento televisivo, la realidad pareció rendirse ante la previsión del sagaz empresario, oriundo del municipio de Tamboril.
Más allá de las cifras, el episodio deja una estampa reveladora: la coincidencia entre la visión planteada por Johan Rosario y la acción ejecutiva del presidente Luis Abinader dibuja un puente entre la reflexión y el poder.
Como si la palabra hubiera sembrado una semilla en el terreno fértil de la decisión política, germina en medidas concretas que buscan proteger a la nación.
El mandatario anunció un conjunto de medidas que, cual escudo esculpido en la fragua de la prudencia, buscan contener el impacto en República Dominicana de la crisis energética global desatada por la guerra en Irán.
Un plan para domar la tormenta
En un mensaje a la nación, el presidente delineó tres pilares que sostienen la respuesta del Estado: 1) Preservar la estabilidad macroeconómica, 2) Proteger a los más vulnerables y 3) Mantener viva la llama de la inversión pública.
Como quien reordena las velas en medio del vendaval, el Gobierno ha identificado cerca de 10,000 millones de pesos para reforzar los programas sociales sin expandir el gasto total.
Asimismo, anunció un subsidio inicial de 1,000 millones de pesos a los fertilizantes, con el propósito de impedir que el alza internacional se traduzca en alimentos más caros.
En paralelo, se mantiene sin variación el precio del GLP, gesto que actúa como alivio directo para los hogares más golpeados.
El discurso presidencial no rehuyó la verdad: reconoció que la economía dominicana, abierta como ventana al mundo, no puede escapar al soplo de los conflictos internacionales.
Sin embargo, insistió en que el país no navega a la deriva, sino con timón firme, reservas robustas y una estructura económica más resiliente que en el pasado.
Subsidios, sacrificios y equilibrio
El Estado ha invertido cifras millonarias para amortiguar el impacto: más de 11,500 millones de pesos en combustibles durante 2025 y más de 4,000 millones en lo que va de 2026. Aun así, los ajustes graduales, entre 5.2 % y 6.7 %, en los precios de los combustibles responden, según explicó el mandatario, a la necesidad de no comprometer la sostenibilidad fiscal.
“Habrá sacrificios”, admitió el presidente, como quien no endulza la medicina, pero promete su efecto curativo. Tarifas eléctricas, transporte y alimentos podrían sentir la presión de este choque externo, una marea que no nace en casa, pero que inevitablemente toca sus orillas.
Una economía que resiste y se reinventa
Con reservas superiores a los 16,000 millones de dólares, acceso a financiamiento internacional y una matriz energética cada vez más diversificada, la República Dominicana se presenta como un barco mejor preparado para cruzar aguas turbulentas.
La fijación del precio del carbón en Punta Catalina y contratos de gas natural asegurados refuerzan esa capacidad de resistencia.
En este contexto, el presidente hizo un llamado a la corresponsabilidad: empresas más flexibles, ciudadanos más conscientes y un Estado vigilante, como centinela que no duerme ante el peligro.
Porque, en tiempos donde el mundo arde en incertidumbre, no solo gobiernan los hechos: también lo hacen las ideas que, dichas a tiempo, iluminan el camino antes de que llegue la oscuridad.
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