Empresario Johan Rosario fue invitado de honor de Feria de Innovasion y de emprendimiento
En el evento, Rosario no fue un extraño, porque años atrás, cuando la feria apenas daba sus primeros pasos, su voz ya había resonado en el majestuoso Gran Teatro del Cibao, donde fue orador principal y presentó su proyecto Salud Dominicana como una “Startup Disruptiva”: una semilla nacida en Nueva York, pero cultivada con raíces firmes en la tierra dominicana.
Esta vez, sin micrófono protagónico pero con una presencia que hablaba por sí sola, llegó acompañado de su consultor jurídico, Víctor Manuel Céspedes, y miembros de su equipo ejecutivo empresarial, ocupando el espacio VIP como quien regresa a una casa que privilegia a la juventud para construir el futuro.
El evento, celebrado en el emblemático Parque Central de Santiago, reunió a una constelación de mentes: empresarios, académicos, estudiantes, autoridades civiles y militares, y líderes religiosos, todos convocados por una misma causa: darle forma al porvenir.
Bajo la organización del Centro de Desarrollo y Competitividad Industrial (Proindustria), la feria se erige como un puente entre la imaginación y la industria, donde la innovación deja de ser promesa para convertirse en herramienta.
El acto inaugural fue encabezado por Rafael Cruz Rodríguez, quien, como un director de orquesta, reunió a los protagonistas del desarrollo industrial dominicano en una sinfonía de proyectos, alianzas y oportunidades.
Cerca de cien proyectos, provenientes de distintos rincones del país, laten en esta edición como un corazón múltiple: inteligencia artificial, robótica, automatización y desarrollo tecnológico se entrelazan como venas de un mismo organismo llamado progreso.
Japón, invitado especial, añade su precisión milenaria a este mosaico, fomentando un diálogo donde Oriente y el Caribe se dan la mano en nombre de la innovación.
La pasarela también tuvo su momento: un desfile que convirtió la industria textil en poesía visual, con creaciones de Melkis Díaz, Rafael Rivero y Giannina Azar, donde cada tela parecía narrar la historia de un país que cose futuro con hilos de talento.


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