Ramón Antonio Arias (Mon Arias)
CODIGO32-SIPRED CANCA LA PIEDRA, R.D.- En los caminos serpenteantes de Canca La Piedra y Los Amaceyes, donde el sol cae como un yunque ardiente sobre la espalda del hombre, se movía la figura convertida en leyenda de Ramón Antonio Arias, al que el pueblo bautizó con respeto y temblor como “Mon Arias”, hombre de temple: flaco, seco y medio por buen cajón, Fue un padrote en el sentido más antiguo y profundo de la palabra, no por arrogancia, sino por su estatura moral de hombre con palabras de peso que valían más que el dinero y que cualquier firma. Su seriedad era una casa de puertas cerradas y cimientos firmes; hablaba poco, pero cada palabra suya tenía el peso de una sentencia. En su mirada vivía el campo entero:la tierra, la sequía, la lluvia, la esperanza y el milagro de la cosecha. Mon Arias sembraba la tierra y la fecundaba con el sudor de su frente y la furia del machete, como si cada surco fuera una promesa y cada semilla una oración esparcida en sus fincas de la lo...