Trump: El emperador del caos que promete orden mundial con guerra

CODIGO32-SIPRED
Por Rey Arturo Taveras 

En el gran teatro del poder mundial, el silencio puede ser más elocuente que los discursos anunciado guerra para alcanzar el orden mundial.

Mientras los tambores de guerra retumban en Medio Oriente y Estados Unidos avanza contra Irán, dos colosos del planeta, China y Rusia, contemplan la escena con la calma de quienes observan una tormenta desde la distancia. No gritan. No se apresuran. Simplemente miran.

En medio de ese escenario Donald Trump emerge como una figura casi teatral, un personaje que parece salido de las páginas de una tragedia política. Se presenta como el salvador del orden mundial, el hombre destinado a liberar los continentes del terrorismo y de los dictadores. 

En su narrativa, América vuelve a levantarse como la espada del planeta que enfrenta a los demonios para salvar al mundo con el dinero de los contribuyentes de su país. 

La guerra no solo se libra con misiles que surcan el cielo ni con drones que vigilan las sombras de la noche,  también se escribe con números, con cifras que parecen arrancadas de otro planeta. 

Estados Unidos destina para 2026 más de 1.065 billones de dólares a su presupuesto militar, el mayor poder bélico jamás financiado por nación alguna.

En las operaciones de guerra vinculadas a Irán los cálculos indican que la cifra podría pasar de los 95 mil millones de dólares si la guerra se prolonga. 

A ello se suma el frente venezolano, donde la presión militar y estratégica ha superado los 3 mil millones de dólares.

Así, el fuego de la geopolítica consume casi 100 mil millones de dólares, una fortuna que brota de los impuestos de millones de ciudadanos estadounidenses.
Trump parece encarnar el arquetipo del líder impetuoso: el muchacho arrebatado de la historia, el hombre de carácter volcánico que cree que el orden del planeta puede imponerse con la fuerza de su voluntad. 

Su figura proyecta la imagen de un juez que desde la Casa Blanca dicta sentencia sobre el mundo.

En su discurso, América debe volver a ser grande. En su visión, el planeta necesita disciplina.

Pero el poder absoluto tiene una extraña relación con el destino: cuanto más se eleva, más cerca está de su propia sombra.
Algunos observadores hablan de una recomposición silenciosa del planeta, de un tablero en el que Trump agita las piezas mientras Vladimir Putin y Xi Jinping esperan el momento exacto para mover las suyas.

Como si el caos fuese apenas la antesala de un nuevo orden.

En esa lectura casi profética, Trump sería un catalizador: el instrumento que rompe el equilibrio. Sería el emperador del caos que abre el camino hacia una nueva arquitectura del poder global.

La historia de los grandes imperios está llena de líderes que confundieron su destino personal con el destino del mundo. 
Trump promete riqueza, grandeza y orden para Estados Unidos y que América será el centro del poder, la voz dominante del planeta.

Algunos evocan las antiguas profecías de Nostradamus, que hablaban de un líder poderoso traicionado por quienes parecían sus aliados. 

Tal vez Trump pase a la historia como el líder que llevó a Estados Unidos a su apogeo de poder. O tal vez como el hombre que, dominado por su propio orgullo, abrió las grietas que transformaron al imperio desde dentro.
Lo único seguro es que el planeta se encuentra en una década decisiva. Entre 2020 y 2030, el mundo parece entrar en una fase de recomposición histórica y planetaria.

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