El Hospedaje Yaque: entre la esperanza del saneamiento y la deuda histórica con Santiago

CODIGO32-SIPRED
Por Rey Arturo Taveras 

SANTIAGO.- Hay lugares en una ciudad que no son simples espacios físicos; son latidos de su historia, rincones donde el comercio, la vida cotidiana y la memoria colectiva se entrelazan como raíces profundas. 

 Con casi un siglo de funcionamiento, el Hospedaje Yaque de Santiago ha sido durante décadas una especie de granero urbano, un corazón comercial que abastece de alimentos a gran parte de la Región del Cibao y mueve miles de millones de pesos en la economía local.

Pero, ese mismo corazón económico ha estado latiendo entre la podredumbre, el abandono y la contaminación, como si el tiempo hubiese dejado allí mercancías, envueltas en  la indiferencia de muchas administraciones.

Por eso, el anuncio del Ayuntamiento del primer Santiago de América de intervenir el entorno del Hospedaje Yaque constituye una noticia que merece atención y aplauso prudente. 

El recorrido realizado por el alcalde Ulises Rodríguez junto al ministro de Vivienda y Edificaciones, Víctor Ito Bisonó, en el sector El Cambronal abre una ventana de esperanza para un espacio urbano que durante décadas ha vivido entre cañadas abiertas, aguas residuales, podredumbre y precariedad ambiental.

Ese levantamiento técnico debería ser una radiografía del abandono histórico y una decisión de exhibir una transformación ambiental. 

Las autoridades indicaron que buscan evaluar las condiciones del área para diseñar un plan de intervención que sanee la zona y mejore las condiciones sanitarias, urbanas y humanas de quienes viven y trabajan allí.

El problema del Hospedaje, más que mal de infraestructura, es un problema humano y social. Allí conviven comerciantes, trabajadores y familias que, pese a la adversidad, sostienen con esfuerzo cotidiano una actividad económica vital para la ciudad.

Sin embargo, Santiago ha escuchado antes este tipo de promesas. La ciudad conoce bien el eco de las visitas oficiales que se disuelven con el tiempo, como pasos sobre arena mojada. 

Por eso resulta imprescindible que este recorrido no termine convertido en otra fotografía protocolar ni en una declaración que se archive en el cajón de las buenas intenciones.

El propio alcalde ha reconocido que esta zona del centro histórico ha permanecido durante décadas en condiciones complejas. Reconocer la herida es importante; pero más importante es cerrarla.

Las intervenciones anunciadas deben convertirse en transformaciones reales y profundas: saneamiento de las cañadas, manejo adecuado de las aguas residuales, ordenamiento urbano, higiene permanente y dignificación del espacio público. 

Solo así el Hospedaje Yaque podrá dejar de ser un símbolo de deterioro y convertirse en lo que siempre debió ser: un mercado moderno, limpio y digno, acorde con la importancia económica que representa.

Si el plan integral que anuncian las autoridades logra ejecutarse con seriedad, el Hospedaje Yaque podría renacer como un ejemplo de recuperación urbana, un espacio donde la salud ambiental y la actividad comercial convivan sin contradicciones.

De lo contrario, el mercado seguirá siendo lo que ha sido durante demasiado tiempo: una paradoja urbana, donde la ciudad se alimenta  mientras el entorno se pudre.

Ahora corresponde demostrar que esta vez la voluntad política será más fuerte que la costumbre del olvido.


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