La marcha de los sacerdotes y del pueblo por la naturaleza y la vida estremece a Santiago

CODIGO32-SIPRED
Por Rey Arturo Taveras 

SANTIAGO, R.D. - Frente a la ambición de quienes saquean las riquezas minerales de los pueblos para ocultarlas en bancos, la Cordillera Septentrional se rebeló y habló con voz sacerdotal durante una marcha-caravana realizada el miércoles en Santiago.

La naturaleza se manifestó a través del combativo sacerdote Nino Ramos, quien, previo a la movilización, se dirigió al pueblo y a las autoridades. 

Sin sotanas polvorientas, empuñando banderas que ondeaban al viento y con una fe inquebrantable, lejos de arrodillarse decidió ponerse de pie y avanzar por el asfalto como si recorriera un sendero ancestral hacia el corazón de la montaña.

La marcha-caravana fue conducida por una legión de sacerdotes comprometidos con la defensa de la vida y la tierra, combatientes del espíritu que cambiaron el púlpito por el volante de una lucha en defensa de la Cordillera Septentrional, amenazada por proyectos de explotación minera.

No fue una procesión piadosa ni un desfile folclórico o político. Fue una movilización ciudadana consciente y urgente, sin violencia ni exaltación, destinada a dejar claro al gobierno y a sus funcionarios que la defensa del territorio no admite evasivas.

Organizaciones sociales, comunitarias y ambientalistas coincidieron en un mismo latido, conscientes de que cuando la montaña cae también se derrumba la dignidad de los pueblos que viven a su sombra.

La escena tuvo un actor silencioso que vigilaba cada movimiento de los participantes: un contingente militar que acompañó la jornada como una sombra al mediodía, generando tensión sin provocar reacción social, pese a la presencia intimidante de los fusiles.

La protesta avanzó escoltada por armas frente a pancartas y consignas, como si la defensa del agua necesitara permiso, como si amar la tierra fuera un acto sospechoso.

Los convocantes advirtieron, con datos y memoria, que no marchaban por capricho, sino porque la Cordillera Septentrional enfrenta amenazas reales por proyectos mineros capaces de alterar su equilibrio ecológico y social. 

No hablan desde la paranoia, sino desde la experiencia de un país donde la tierra ha sido sacrificada demasiadas veces en el altar del oro.

En la República Dominicana hoy se busca oro en 17 provincias, en los cuatro puntos cardinales del mapa y del poder. Hasta octubre de 2025 existían 38 permisos de exploración metálica que abarcan 127.8 millones de hectáreas. 
Dos de esas concesiones, ubicadas en la Cordillera Septentrional, encendieron la alarma nacional, al punto de que el presidente Luis Abinader ordenó aclaraciones públicas y aseguró que no existen planes de explotación.

Sin embargo, la exploración avanza desde marzo de 2024 como una pregunta aún sin respuesta definitiva.

La marcha fue en defensa de los árboles, los ríos y el derecho ciudadano a dudar, a preguntar y a vigilar a quienes están llamados a proteger, no ha destruir la vida.

El padre Nino Ramos y quienes lo acompañaron no marcharon contra el Estado, sino a favor del futuro. 
Porque cuando la fe camina junto a la tierra y el pueblo, cuando la sotana se cubre de dignidad social para defender el agua, conviene escuchar con atención y no dar tregua para evitar una catástrofe ambiental en un país explotado por la ambición.

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