La FITUR hará repuntar el turismo en Santiago, ciudad que abre la puerta al mundo, según alcalde Ulises Rodríguez
Como quien abre ventanas después de una larga espera, comienza
a respirar con fuerza en una dimensión largamente postergada, el turismo.
La reciente participación de Santiago en la Feria
Internacional de Turismo (FITUR) no ha sido un gesto simbólico ni un viaje
protocolar. Ha sido el bautismo internacional de una ciudad que decide mirarse
al espejo del mundo y decir ''aquí estamos''.
Así lo ha afirmado el alcalde Ulises Rodríguez, quien con
palabras firmes ha señalado que los frutos ya comienzan a madurar: más
visitantes, mayor ocupación hotelera, vuelos directos, conectividad real.
El turismo no es solo maletas rodando sobre aceras nuevas; es
un lenguaje universal que traduce identidad en oportunidades.
Cuando un visitante pisa Santiago, no solo ocupa una habitación, consume cultura, escucha historias, prueba sabores, se enamora de la hospitalidad cibaeña.
El turismo cultural, histórico, gastronómico, de
salud, deportivo y de eventos se convierte entonces en un abanico de
posibilidades que multiplica empleos y dignifica oficios.
La conectividad aérea anunciada, vuelos directos entre
Santiago y Madrid, la llegada de Copa Airlines y nuevas rutas internacionales, es
más que un logro logístico: es una entre continentes que lleva aque el nuevo mundo se enamore otra vez de la belleza de Quisqueya.
Como bien señaló el alcalde, sin conexión no hay turismo, y
sin turismo no hay ese círculo virtuoso que transforma ciudades en destinos y destinos
en motores económicos.
Santiago comienza a dejar de ser solo una ciudad de paso para convertirse en punto de llegada.
No es únicamente la urbe laboriosa que
produce, sino también la ciudad que seduce, que cuenta su historia con orgullo,
que invita a quedarse.
FITUR ha sido la vitrina; ahora corresponde sostener el
escaparate con planificación, inversión y visión compartida entre sector
público y privado.
El turismo es una siembra paciente: no da frutos de un día
para otro, pero cuando florece, transforma el paisaje completo.
Santiago ve germinar esa semilla, la que si se cuida con
inteligencia y amor por lo propio, la Ciudad Corazón no solo latirá más fuerte,
sino que aprenderá a latir al ritmo del mundo, sin perder su esencia.
Porque cuando el Primer Santiago de América se abre al
turismo, no se vende, se revela y, al hacerlo, crece.

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