Estados Unidos repite la historia y envía contundente mensaje de poder
El calendario, que a veces parece inofensivo, también sabe hablar. El 3 de enero de 1990 quedó grabado como el día en que cayó Manuel Noriega, acorralado por el peso del poder que alguna vez creyó eterno. Fue el cierre de un ciclo, el derrumbe de una figura que gobernó con puño de hierro hasta que la historia le pasó factura. Treinta y seis años después, ese mismo día vuelve a emerger en el centro de un relato aún inconcluso, como un eco que se resiste a desaparecer. El tiempo, caprichoso y simbólico, coloca la fecha sobre la mesa como una carta marcada. Para algunos, no se trata de una casualidad, sino de un mensaje político cargado de simbolismo: recordar que los finales ya han ocurrido antes, que ningún poder es invulnerable y que la soberbia suele tener fecha de vencimiento. Una señal directa a las élites de la región, un espejo incómodo donde la historia se refleja sin pedir permiso. Otros sostienen que la elección del día responde al impacto mediático y a la presión psicológi...