Maestros de la pintura enseñan a niños a pintar el futuro, en Tamboril

CODIGO32-SIPRED

Por Rey Arturo Taveras

TAMBORIL, R.D.- Cada sábado, cuando el sol apenas empieza a besar las lomas  de este pueblo, un grupo de niños se reúne con pinceles en mano y sueños revoloteando como aves en sus ojos, tratando de dibujar el  futuro a pulso firme sobre lienzos inmaculados como la blancura de su alma infantil.

Los niños madrugan y se reúnen en el patio del histórico Museo Horacio Vásquez, donde el arte se enseña con vocación, se siembra en mentes vírgenes, se respira con pureza, se hereda sin máculas y se convierte en destino.

Guiados por la mirada noble y el espíritu incansable de José Mercader, afamado pintor y caricaturista de raíces tamborileñas, decenas de niños aprenden a traducir sus emociones en líneas, imágenes y colores sobre lienzos. 

Sin un presupuesto holgado como el de instituciones que hacen honor a la corrupción , Mercader, quien fuera uno de los ideólogos de la conversión en recinto cultural de la  casa donde culminaron sus vidas Horacio Vásquez y su esposa doña Trina de Moya, hace “ de tripa corazón” para sembrar vocaciones y creatividad en la niñez de Tamboril y así contribuir a un futuro mejor. 

A su lado, el también pintor Tony Gómez se convierte en cómplice de esta siembra artística, guiando manos pequeñas que, sin saberlo, ya comienzan a escribir historias sobre el lienzo que guardará pensamientos que serán ejemplo para las futuras generaciones. 

Juntos, ambos artistas lideran la enseñanza en la “Scuola d’Arte Lionardo”, un espacio donde el talento se pule como diamante en bruto y donde cada trazo es un acto de fe en el porvenir.

El centro cultural, concebido como refugio de identidad y memoria, fue levantado con el propósito de dotar a Tamboril de un escenario vivo para la animación cultural. 

Más que un museo, la vieja casa victoriana del expresidente de la República Horacio Vásquez es una escuela que siembra el arte, sin dejar de ser un archivo de la historia dominicana. 

Entre sus paredes, el pasado conversa con el presente, mientras las risas infantiles anuncian un futuro cargado de creatividad, con la contagiosa jocosidad de un viejo artista   que sigue siendo niño. 

Desde Tamboril hasta los rincones más apartados del Cibao y otros pueblos del país, visitantes llegan atraídos por este faro cultural que ilumina tanto la historia como el talento emergente de un pueblo que es símbolo del desarrollo comercial, las bellas artes y la intelectualidad.

Entre pinceles, colores y memorias, Tamboril escribe una historia distinta, donde los niños aprenden a pintar y a soñarse que son grandes para formar parte de una herencia que no se desvanece, mientras Mercader y Tony les enseñan que el arte es vida y que,  como la historia, también es una forma de resistencia.





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