Cuando la verdad camina escoltada por la mentira en la prensa
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Por Rey Arturo Taveras
En los medios de comunicación actuales, y con más fuerza en las redes sociales, la verdad parece avanzar lenta, como una viajera descalza y enferma; mientras la mentira, ágil y ruidosa, cruza fronteras, crea escándalos, se hace viral y siembra sospechas.
La frase “la verdad camina escoltada por la mentira”, atribuida al célebre escritor estadounidense Mark Twain y al ex primer ministro británico Winston Churchill, retrata un ecosistema mediático donde la distorsión suele imponerse a los hechos y la falsedad se adelanta, arrastrando a la verdad disfrazada.
Casi siempre, la verdad aparece escoltada por un ejército de rumores atractivos, versiones interesadas y titulares inflados que la diluyen hasta volverla irreconocible. No necesita de la mentira para existir, pero en medio del ruido parece obligada a abrirse paso entre disfraces, propios de un carnaval de mentiras.
La informaciones falsas tienen la ventaja de ser rápidas, atractiva, seductora y fácil de difundir. La mentira se construye con palabras dramáticas que hacen creíble lo irreal, porque así se generan vistas, influencia y beneficios económicos.
Además, la mentira disfrazada de verdad se ajusta a prejuicios, confirma creencias y evita a la población el esfuerzo de pensar y analizar. La verdad, en cambio, exige tiempo, verificación, comparación, rigor y valentía para ser dicha.
Por eso, cuando un hecho irrumpe con ímpetu en las redes, pronto queda cercado por interpretaciones que lo fragmentan o desvían. Esa “escolta” no protege la verdad, la confunde ante la opinión pública.
La mentira se propaga a la velocidad de un clic en plataformas digitales, donde se multiplica, muta y se disfraza con eficacia. No necesita pruebas y solo le basta ser emocional o escandalosa para volverse viral.
Las redes han democratizado la información, pero también la desinformación. Un rumor puede nacer en el anonimato y, en minutos, convertirse en “verdad” para miles o millones de personas.
Mientras el periodismo serio necesita tiempo para verificar la verdad, los algoritmos no distinguen entre lo cierto y lo falso: amplifican lo que genera reacción e impacta.
Así, la mentira encuentra terreno fértil, avanza como primicia y eclipsa a la verdad antes de que pueda ser explicada con datos reales y comprobables.
A esto se suma su apariencia de credibilidad con imágenes manipuladas, videos fuera de contexto y titulares diseñados para impactar.
Se construye así una narrativa paralela que no informa, sino que impone percepciones y la verdad queda sitiada, desplazada y, muchas veces, archivada para la historia.
Cuando los medios ceden al clic fácil y a la primicia sin verificar, se convierten en altavoces de la desinformación. Pero cuando asumen su responsabilidad, en cambio, actúan como faros de verdad, aunque menos visibles, pero esenciales.
La manipulación no siempre es evidente. Vive en lo que se omite, en cómo se titula y en el orden de los datos. Por eso, el ciudadano debe dejar de ser pasivo y cuestionar, contrastar y exigir calidad en la información.
La verdad, compleja e incómoda, compite en desventaja con la mentira y convertirla en espectáculo sería traicionarla.
Por eso, la misión de la prensa no es adornar los hechos, sino sostenerlos con rigor para hacer prevalecer su veracidad.
La cuestión no es si la verdad necesita escolta, sino si seguiremos aceptándola rodeada de engaños. El reto no es descubrirla, sino despejar su camino, silenciar el ruido, desmontar las máscaras y permitirle avanzar sin distorsiones.
Porque la verdad puede tardar, pero cuando llega sin escoltas falsas, es la única que permanece.

Comentarios
Publicar un comentario
Los comentarios de los lectores no deben ser ofensivos a personas e instituciones, de lo contrario nos revervamos el derecho de eliminar su publicación o no