Tamboril marcha contra condena de 30 años a “El Galeno”
Por Rey Arturo Taveras
TAMBORIL, R.D.- Motoconchistas, vecinos, familiares y curiosos recorrieron las principales calles del municipio en una marcha que llevaba como estandarte una exigencia: la reducción de la condena de 30 años impuesta a Joaquín Amadí, conocido como “El Galeno”.
Recientemente, la justicia dominicana condenó a Joaquín Amadí a 30 años de prisión, pena máxima, tras un hecho ocurrido en Tamboril, en el que Yoni Rodríguez resultó herido de arma blanca en medio de una disputa de carácter político.
La víctima se recuperó posteriormente, pero la sentencia cayó como martillo de hierro sobre una familia sin recursos, mientras en el aire del municipio flotan preguntas que nadie ha querido responder con claridad.
“El Galeno” atentó contra la vida de un hombre y contra el orden y el pudor público. Actuó con alevosía, en lugar público. La violencia nunca es camino para dirimir diferencias; es un atajo oscuro que termina en abismo. Empero los jueces deben tomar en cuenta factores que motivan la reducción de la pena, como la provocación y las discusiones que se convierten en riña.
La caravana, encabezada por la asociación de motoconchistas que él dirigía, avanzó como un río de indignación pacífica, entre consignas, banderas y carteles escritos con tinta de esperanza.
El asfalto, testigo silencioso, sintió el peso de los pasos firmes que no pedían absolución, sino revisión de la condena.
Con pancartas y vociferando frases que pedían justicia, los manifestantes recordaron que en la República Dominicana, la justicia debería caminar descalza, con la venda bien ajustada sobre los ojos y la balanza firme entre las manos.
Los tamborilenos dicen que a veces da la impresión de que la justicia no pisa el polvo del pueblo, sino que avanza con sandalias de oro, brillantes y pesadas, dejando huellas desiguales sobre la tierra de los humildes.
Cuestionaron que la justicia dominicana ''no parece sorda al poder ni ciega ante la influencia; más bien, gira el rostro cuando un dedo poderoso la llama y endurece el paso cuando el acusado no tiene apellido influyente ni bolsillo profundo''.
Pero tampoco se puede aceptar que la ley sea una serpiente que cambia de piel según a quién muerda.
La justicia no puede ser látigo para el débil y pluma para el fuerte. Tampoco No puede ser espada desenvainada contra el pobre y escudo blindado para el influyente. Cuando la balanza se inclina demasiado hacia un lado, deja de ser balanza y se convierte en garrote.
Porque cuando una familia no tiene recursos para pagar un bufete, la solidaridad jurídica se convierte en el último bastión de la equidad.
La justicia no puede ser privilegio de quienes pueden costearla; debe ser derecho que abrace por igual al motoconchista y al empresario, al obrero y al funcionario. Pero eso no ocurre en República Dominicana. En el JetSet murieron más de 300 personas por negligencia y el dueño de ese centro de diversión no ha sido condenado.
Los tamborileños que participaron en la protesta a favor del Galeno poden que la justicia dominicana se quite las sandalias de oro y vuelva a andar descalza, sobre el polvo de la pobreza económica..
Porque cuando la justicia pierde el equilibrio, no solo cae un hombre: tambalea la confianza de toda una nación.
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