Hussaíno Germosén: un arquitecto musical dominicano
Hay hombres que pasan por la vida y dejan huellas indelebles como una brisa la suave que acaricia a la naturaleza, los que al partir del mundo terrenal son recordados como notas musicales salen de su pentagrama para transmitir recuerdos.
Hussaíno Silfredo Germosén Germosén fue uno de esos hombres que penetran a los pentagramas para sembrar melodías con notas musicales que baila alegres cuando suenan en los instrumentos. Fue un patriarca del sonido musical en el país.
Nació el 1 de septiembre de 1929 en el corazón alegre de Tamboril, hijo de don Manuel de Jesús Germosén y doña Cándida Rosa Germosén.
Desde niño, la música lo buscó como se busca el agua en la tierra seca. Estudió en la Escuela Sergio A. Hernández y luego en el Liceo Francisco Guzmán Comprés de Moca. Inició estudios en la PUCMM, pero su verdadera universidad fue el oído atento y la disciplina férrea que caracterizó su vida.
Aprendió música en la Academia Municipal de Tamboril con sus tíos Miguel y Clemente Germosén; en Santiago, con Federico G. Camejo; en Moca, Armonía y Composición con Arístides G. Rojas; y piano con doña Gilda Cruzado de Gitte. Pero más allá de maestros y métodos, su talento parecía un río propio: caudaloso, intuitivo, inevitable e indetenible.
Entre 1950 y 1971, Moca fue su taller y su templo. Allí fundó la Banda de Música, la Orquesta Quisqueya y la Academia Municipal de Música.
En la ciudad del viaducto enseñó solfeo y forjó músicos con carácter. Lo llamaban “Hombre Regla”, porque su ética tenía la rectitud de un compás perfecto. Trataba a todos por igual, hijos y discípulos, como si la justicia también fuera una forma de armonía.
En 1979 creó en Santiago la orquesta Los Caballeros Montecarlo, una constelación de virtuosos. Antes y después, dirigió la orquesta Los Caballeros Montecarlo y otras agrupaciones memorables, como Sonido 2000 en Tamboril.
Fue clarinetista y saxofonista de sensibilidad exquisita; compositor de marchas, danzones y zarzuelas; autor de las memorables “Swits 2 de mayo” y “Swits 30 de marzo”, donde la historia nacional se volvió partitura.
Incursionó en la literatura, poesía y prosa inéditas, y en 1994 publicó Tamboril por fuera y por dentro, como quien devuelve al pueblo el retrato de su propia alma.
Formó generaciones enteras de músicos. Por sus manos pasaron Nelson Díaz, Francisco Santos, Fabio Collado, Freddy Tejada, el querido “Musiquito”, y su propio hijo, el ingeniero y saxofonista José Germosén, director de Los Astros del Ritmo.
El maestro Luis Ovalles, director de Los Juveniles de Moca, confesó que más que maestro fue padre. En esa palabra, padre, cabe su biografía entera.
La escena que mejor lo retrata ocurrió cuando ya la oscuridad había apagado sus ojos, pero no su música.
Ciego, tomó su clarinete, lo ensambló con la delicadeza de un ritual y tocó “Star Dust”. Dicen que fue la versión más hermosa jamás escuchada. Porque cuando un hombre pierde la vista pero no la luz interior, el sonido se convierte en revelación.
Padeció durante años la diabetes y otros quebrantos; sin embargo, aun privado de visión, permaneció al frente de la banda de su amada “Pajiza Aldea”. Dirigía como quien ora. Marcaba el compás como quien bendice.
Falleció el martes 29 de marzo de 2011, a los 82 años. Fue sepultado en Tamboril, la tierra que lo vio nacer y que aún parece escucharlo.
Con su partida, Tamboril perdió a uno de sus hijos más ilustres; Moca, Santiago y el Cibao a uno de sus músicos más preclaros. Pero la muerte, que suele ser silencio, con él se equivocó: porque dejó sonando su legado.
Hoy su nombre vive en la Academia de Música Hussaino Germosén de Tamboril. Vive en cada saxofón que respira en el Cibao. Vive en cada alumno que afina no sólo un instrumento, sino su carácter.
Fue maestro, compositor, director, escritor. Pero, sobre todo, fue un hombre humanista.
Cuando la música es creada por un hombre bueno el silencio se convierte en melodía y el sonido se vuelve eternidad en el pentagrama.
Comentarios
Publicar un comentario
Los comentarios de los lectores no deben ser ofensivos a personas e instituciones, de lo contrario nos revervamos el derecho de eliminar su publicación o no