Una “Mano Negra” mueve acusaciones a Julio Iglesias

CODIGO32-SIPRED
Por Johan Rosario 
Tras estallar las acusaciones contra Julio Iglesias decidí esperar, observar el oleaje mediático y permitir que el polvo bajara al suelo. No por indiferencia, sino por responsabilidad intelectual. Las opiniones apresuradas suelen ser hijas del ruido, no de la verdad.

El movimiento #MeToo, que ya ha mutado de nombre y estrategia luego del bochornoso colapso que sufrió con el caso Johnny Depp, parece volver a asomar detrás de este nuevo episodio que ahora apunta contra el artista español más universal de todos los tiempos. 

La cronología misma despierta sospechas: se habla de hechos ocurridos hace casi cinco años, justo cuando Iglesias ya enfrentaba problemas severos de movilidad y salud, reconocidos públicamente por él mismo. 
Resulta, cuando menos, difícil de sostener el relato bajo ese contexto físico, en el que Iglesias arrastraba situaciones que ameritaron la intervención precisamente de una de las fisioterapeutas que hoy lo denuncia. El alegato trae, por tanto, claro olor a falacia temporal.

Además, durante más de cinco décadas de carrera artística impecable, Julio Iglesias jamás había sido vinculado a escándalos de esta naturaleza. Ni mayores, ni menores. Su hoja de vida pública ha sido, hasta hoy, extraordinariamente limpia para alguien que vivió bajo reflectores permanentes.

Se ha insinuado incluso la existencia de una “mano negra” mediática, apuntando al empresario dominicano Frank Rainieri, antiguo socio y vecino del cantante, quien ha negado categóricamente cualquier implicación. No obstante, su lenguaje corporal durante una reciente entrevista, más el silencio frío que sus propias palabras denotaron durante la exclusiva con un medio español, dejaron entrever que aquella amistad ya pertenece al pasado. No son enemigos declarados, pero tampoco son lo que fueron. Eso es evidente.

Dicho esto, quiero ser claro: yo creo en la inocencia de Julio Iglesias. A su edad, con su estado de salud y con el historial humano y artístico que lo acompaña, cuesta imaginarlo siquiera levantando la voz, mucho menos dañando a alguien. Las grandes figuras atraen no solo aplausos, también oportunismo, codicia y trampas legales diseñadas para exprimir fortunas a golpe de titulares.

En nuestra realidad caribeña, lamentablemente, también existe el “tigueraje jurídico”: abogados inescrupulosos que se alían con oportunistas para fabricar relatos rentables. No sería la primera vez. Casos de denuncias frívolas abundan en el mundo del espectáculo. El dinero fácil siempre busca sombra donde esconderse.

Creo en Julio por su trayectoria intachable, por su alma de poeta sensible, por el respeto con que habló y promovió siempre a República Dominicana, país donde ha vivido durante décadas, y porque sus canciones no mienten. Quien ha sembrado tanto amor durante medio siglo no encaja fácilmente en el molde del monstruo que hoy intentan dibujar.

Pretender manchar su legado justo en el tramo final de su historia artística es un acto de crueldad simbólica. Es echar jabón al sancocho de una vida monumental. Como dominicanos debemos exigir investigación seria, sí, pero también respeto al debido proceso. Y algo es incuestionable: si los hechos ocurrieron en Punta Cana, entonces no fue en España. La jurisdicción correcta es la dominicana, no la Audiencia Nacional de Madrid.. Aquí deben investigarse los hechos, aquí deben probarse o desmontarse las acusaciones con un juicio correcto. 

Estoy convencido de que cuando la espuma mediática se evapore y los expedientes reales entren en escena, este caso caerá por su propio peso. Y el nombre de Julio Iglesias volverá a ocupar el lugar que le pertenece: el de los grandes.

Como dice su emblemática canción:

"Vuela amigo, vuela alto, no seas gaviota en el mar. La gente tira a matar cuando volamos muy bajo."

La maldad humana no tiene techo. No afirmo que el multimillonario y dueño de gran parte de Punta Cana, Frank Rainieri, esté detrás de nada, pero su distanciamiento emocional es visible. Fue amigo. Hoy ya no lo es. Eso puede estarnos diciendo algo. El mundo de los intereses y ambiciones desaforadas a veces tiene los juegos pesados y no respeta trayectorias ni amistades.
Julio Iglesias lo expresó con nobleza:
"No puedo olvidarme de tantas personas queridísimas que me han mandado mensajes de cariño y lealtad."
Aquí va el mío también.

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