La última crónica de un amigo: adiós, Víctor Matta
CODIGO32-SIPRED Por Johan Rosario Hay despedidas que caben en una palabra. Otras no caben ni en la noche entera. Se quedan atravesadas en el pecho, buscando un camino que no existe, y entonces uno escribe, no para vencer a la muerte -nadie la vence, salvo Cristo-, sino para oponerle al olvido una resistencia mínima, casi inútil, como quien enciende una lámpara en una casa que ya sabe que se va a quedar a oscuras. Hace apenas unas horas me negaba a conjugarte en pretérito, Víctor. Sabía que la batalla era feroz y que el cuerpo llevaba años pagando tributos al dolor, pero conocía también al hombre que había aprendido a caminar con un bastón sin entregarle jamás el mando del espíritu. Mientras quedara una rendija, por estrecha que fuese, prefería esperarte de regreso. Verte convertido en ese rayito de esperanza. No pudo ser. Esta vez Dios escribió el último párrafo. Él siempre lo escribe. A veces deja un resquicio; esta vez no. Y nosotros, los que te tratamos y apreciamos, apenas podemos ...