Periodista Adolfo Paniagua muere a los 74 años tras reclamar una pensión mensual de 10 mil pesos

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LA VEGA, R.D-. El periodista Adolfo Paniagua Contreras murió a los 74 años en medio de una situación de precariedad económica y sin recibir la pensión mensual de 10 mil pesos que, según sus familiares, solicitó para cubrir sus necesidades básicas.

La información fue destacada por el periodista Ricardo Santana y confirmada por allegados de Paniagua, quienes indicaron que padecía cáncer de próstata y enfrentaba serias dificultades económicas durante sus últimos días.

Paniagua no fue un improvisado ni un recién llegado al ejercicio periodístico. Durante décadas ejerció su profesión con responsabilidad, honestidad y vocación de servicio. 

Fue corresponsal en Constanza y Jarabacoa del periódico Listín Diario, uno de los principales medios de comunicación de la República Dominicana, y también laboró para los desaparecidos periódicos El Siglo, Última Hora, La Nación y El Nacional.

Además, desempeñó funciones como director de Prensa de TV Montaña, en Constanza, y de Radio Constanza, contribuyendo al desarrollo de la comunicación local y al fortalecimiento de la información en comunidades de la región. 

Su trabajo permitió llevar a la ciudadanía noticias, denuncias y acontecimientos de interés público en una época en la que ejercer el periodismo implicaba grandes sacrificios y limitados recursos tecnológicos.

Quienes lo conocieron lo describen como un hombre honesto, ético, solidario, responsable, humilde y respetuoso. También fue miembro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), filial Santiago, organización a la que perteneció como parte de una vida dedicada a la comunicación y al servicio informativo.

Sin embargo, después de tantos años de trabajo, Paniagua terminó sus días reclamando una pensión de apenas 10 mil pesos mensuales. 

No solicitaba una suma extraordinaria ni un privilegio. Pedía un ingreso mínimo que le permitiera comprar alimentos, medicamentos y atender sus necesidades más elementales.

Según un familiar cercano, durante su enfermedad la situación económica se agravó al extremo de que apenas podían ofrecerle un pequeño vaso de chocolate con un pedazo de pan. 

Posteriormente fue llevado a un centro hospitalario afectado por diarrea crónica y deshidratación, condiciones que agravaron su delicado estado de salud. 

Finalmente murió sin haber recibido la ayuda económica que con derecho reclamaba.

La precariedad fue tan severa que sus familiares y allegados tuvieron que buscar ayuda para adquirir la caja funeraria y sepultarlo rápidamente en el cementerio.

La muerte de Adolfo Paniagua plantea una pregunta dolorosa: ¿cómo es posible que un periodista con décadas de servicio, que trabajó para importantes medios nacionales y dirigió espacios de prensa en radio y televisión, no pudiera recibir una pensión de 10 mil pesos, mientras dirigentes políticos obtienen pensiones de 50 mil, 75 mil pesos o incluso cantidades superiores?

La comparación resulta contraproducente e indignante. Mientras Paniagua tuvo que morir reclamando una suma modesta para poder comer, en el país se han otorgado pensiones suntuosas a dirigentes políticos cuya principal trayectoria ha sido participar en campañas electorales, ocupar posiciones partidarias o mantener vínculos con los gobiernos de turno.

 El problema surge cuando el sistema parece premiar con mayor generosidad la actividad política que décadas de trabajo profesional, mientras deja en el abandono a periodistas, maestros, obreros, artistas y otros servidores que contribuyeron al desarrollo de la sociedad.

La situación revela una profunda desigualdad en la forma en que se reconocen los méritos en la República Dominicana. 

Para algunos políticos, el Estado puede disponer rápidamente de recursos para garantizar pensiones elevadas para hacer campaña a determinados partidos políticos. Para un periodista enfermo, envejecido y sin ingresos, una pensión de 10 mil pesos parece convertirse en un trámite interminable.

La muerte de Adolfo Paniagua no debe quedar reducida a una nota luctuosa. Debe servir para revisar las políticas de protección social destinadas a los trabajadores de la prensa y a otros profesionales que, después de una vida de servicio, enfrentan la vejez en condiciones de pobreza.

También debe provocar una discusión seria sobre la transparencia y la justicia en la asignación de pensiones especiales. 

Su historia representa la de muchos trabajadores que entregan sus mejores años al país y terminan olvidados. 

La memoria de Adolfo Paniagua exige respeto, pero también justicia y una revisión profunda de la manera en que el Estado reconoce a quienes realmente han trabajado por la sociedad.


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