Caso de infidelidad a pelotero opaca temas sociales, políticos y económicos del pais
¡Señoras y señores, República Dominicana está de vacaciones!
El caso del expelotero Edwin Encarnación y Karen Yapoor ha caído sobre los medios de comunicación y las redes sociales como un huracán categoría cinco: no dejó un comentario vivo ni espacio para hablar de otra cosa.
En República Dominicana, el caso Edwin Encarnación y Karen Yapoor se paralizó hasta el pensamiento!
De repente, el dominicano dejó de preocuparse por Santiago Matías (Alofoke), como quien cambia de canal sin darse cuenta; la gasolina puede subir hasta las nubes, que nadie mira el precio del galón; los productos de primera necesidad pueden ponerse más caros que una promesa electoral, y el pueblo responde: “¡Eso puede esperar, ahora mismo hay un lío más interesante!”
Los bonos soberanos pueden aprobarse mientras el pueblo esta soberanamente entretenidos. Los terremotos pueden mover la tierra, pero este chisme mueve más las redes. La ola de calor está cocinando lentamente a la población, pero parece que el verdadero fuego está en Instagram, TikTok, YouTube y los comentarios de Facebook.
Mientras tanto, desaparecen niños, ocurren asesinatos, como el caso registrado en Moca, continúan los problemas sociales y el mundo anda patas arriba, pero aquí esta todo el pueblo sentado en primera fila, con palomitas de maíz imaginarias, esperando el próximo capítulo de “Edwin y Karen: Amor, Infidelidad y Redes Sociales”.
¡Esto parece una telenovela escrita por el mismísimo destino dominicano! Si mañana tiembla el Palacio Nacional, probablemente alguien pregunte primero: “¿Pero Edwin dijo algo?”
Es que en República Dominicana hasta el gallo dejó de cantar para enterarse del chisme. El refrán dice que “cada cabeza es un mundo”, pero en estos días parece que todas las cabezas tienen el mismo canal puesto.
La política puede esperar, la economía también, los problemas sociales pueden aguantarse ¡pero el chisme no! Porque como dice el dominicano cuando la cosa se pone buena: “¡Sujétame ahí, que esto se puso interesante!”
Así que, mientras el país enfrenta problemas que realmente pueden cambiarle la vida a la gente, la población sigue pegada a la pantalla, buscando quién dijo qué, quién respondió qué y quién publicó la captura de quién.
República Dominicana no está en crisis informativa: está en temporada de novela.
Lo más espectacular es que, cuando todo esto termine, quizá descubramos que los problemas que dejamos en pausa nunca se fueron, estaban ahí, esperando que terminara el chisme.
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