Elección autoridades del PRM envía mensaje de unidad y triunfo a la oposición
Por Rey Arturo Taveras
TAMBORIL, SANTIAGO.- R.D.-En el teatro vibrante de la política dominicana, la reciente elección de Luis Abinader como presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) envía una lección de unidad y consenso a la oposición y al país.
Es como una brisa serena que suaviza las incertidumbres y disipa los nubarrones que suelen acompañar los procesos internos de los partidos políticos.
Los líderes del PRM están mostrando calma en lugar de empujones; diálogo en vez de torbellinos de discusiones estériles; consenso donde otros esperarían confrontaciones.
Esa actitud proyecta la imagen de un partido que apuesta a la unidad como un faro que alumbra el camino hacia una organización cohesionada, sin fracturas ni grietas.
Como si se tratara de un poema que se recita en las plazas, las figuras elegidas se entrelazan como versos, cada una convertida en una nota de la gran sinfonía de la unidad.
La nueva dirección del partido parece haber encontrado la partitura común para que distintas voces puedan cantar una misma melodía política.
Así, la plancha presentada se convierte en un tapiz de diversidad, en un mosaico donde la representación de distintos sectores del PRM encuentra espacio y donde cada voz se transforma en un susurro colectivo que impulsa el propósito de preservar la unidad y mantener el rumbo hacia la permanencia en el poder.
La Asamblea Nacional de Delegados fue, metafóricamente, un río que llevó las aguas del partido hacia un cauce pacífico, evitando que las corrientes internas se desbordaran y provocaran una tormenta política de consecuencias impredecibles.
En esa corriente, el país entero puede respirar un aire de tranquilidad y esperanza. El civismo se convierte en la pluma que escribe el mañana, mientras las aguas turbulentas que en otros tiempos marcaron la historia del PRD parecen haber sido contenidas por la sapiencia política y el poder del consenso.
Porque la política, cuando se ejerce con inteligencia, no tiene que ser una guerra de trincheras.
Puede ser un puente; puede ser un río; puede ser un diálogo entre adversarios que entienden que la democracia se fortalece cuando las diferencias no terminan convirtiéndose en divisiones irreconciliables.
La escogencia sin traumas de las nuevas autoridades del PRM manda, por tanto, un mensaje que trasciende las paredes de esa organización: la unidad puede ser más poderosa que la confrontación y el consenso puede convertirse en una llave capaz de abrir las puertas del triunfo, aun cuando frente al partido se levanten las adversidades.
El PRM parece haber aprendido una lección de la historia: cuando las aguas internas se agitan, el barco puede naufragar; pero cuando existe un capitán, una tripulación cohesionada y un rumbo compartido, hasta las tormentas terminan quedando atrás.

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