Los Abogados del Diablo dice hermana de Rubby Pérez a la Defensa del Jet Set

CODIGO32-SIPRED
Por Rey Arturo Taveras

SANTO DOMINGO. -La sala del Primer Juzgado de la Instrucción se convirtió por instantes en un hervidero de emociones, hasta que la voz del juez se alzó como martillo de orden.

El mármol solemne del Palacio de Justicia del Distrito Nacional fue sacudido por un relámpago de indignación. En plena audiencia preliminar del caso Jet Set, el dolor rompió el protocolo y la justicia tuvo que recordar su liturgia.

La diputada Lidia Pérez, hermana del fenecido Rubby Pérez, dejó escapar el grito que llevaba anclado en el pecho y, señalando a la defensa de Antonio y Maribel Espaillat, los llamó “abogados del diablo”, en una descarga verbal nacida del duelo y la impotencia.

El aire se tensó. Las palabras ardieron como brasas en una sala hecha para el silencio.

Fue entonces cuando el juez Raymundo Mejía, del Primer Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional, tomó el timón del proceso y devolvió la nave al cauce de la ley. Su voz, firme y contenida, cortó el murmullo como una campana de orden:

“Esto es un proceso penal. Aquí no vamos a permitir que se le falte el respeto a nadie absolutamente.”

El magistrado recordó que la justicia no se imparte a gritos ni se construye desde la ira, por comprensible que esta sea. Subrayó que el tribunal no es un escenario para ataques personales, sino un espacio donde la razón debe prevalecer sobre la emoción.

“Sabemos que hay muchas emociones, pero vamos a llevarlo en paz. No lo vamos a permitir a ella ni a nadie”, advirtió, dejando claro que el respeto es la primera prueba que todos deben superar.

Ante la crispación del momento, el juez ordenó una pausa, ofreciendo a la parte alterada la opción de serenarse o abandonar la sala, como forma de preservar la dignidad del proceso y el derecho fundamental a la defensa.

Con la precisión de quien delimita el terreno jurídico, Mejía aclaró además el alcance real de la audiencia:

“Este tribunal no evalúa responsabilidad penal. Aquí no se determina culpabilidad o inocencia. En esta etapa se valora la suficiencia de la acusación, las pruebas y cualquier cuestión incidental.”

Así, entre la herida abierta del dolor y el pulso frío de la ley, la audiencia continuó su curso, recordando que en los tribunales la justicia camina con los ojos abiertos, pero la boca contenida.

Porque incluso cuando el corazón grita, la justicia exige silencio, respeto y equilibrio.


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