Tamboril honra a cinco de sus hijos meritorios
Por Arturo Taveras
TAMBORIL, R.D.- Hay pueblos que escriben su historia con tinta y papel, y otros que la escriben con el sudor, la entrega y las buenas obras de sus hijos.
Tamboril, tierra de gente laboriosa y de profundas raíces culturales, hizo una pausa en el calendario de sus Fiestas Patronales San Rafael 2026 para rendir homenaje a cinco ciudadanos cuya trayectoria ha dejado huellas en el corazón de la comunidad.
La noche del jueves 15 de octubre, el Ayuntamiento de Tamboril, encabezado por el alcalde Anyolino Germosén, junto al Comité Organizador de las festividades, celebró un acto solemne en la Biblioteca Municipal Tomás Hernández Franco, donde fueron reconocidos como Hijos Meritorios del municipio Freddy J. Valerio, Elena Salomón de Germosén, Arismendy Estévez Reyes, Nilo Odalis Évora Fernández, conocido popularmente como Marichal, y Alba Carolina Vázquez Almonte.
Familiares, amigos e invitados especiales se congregaron para acompañar una ceremonia en la que los aplausos fueron más que sonidos: fueron pequeñas ráfagas de gratitud, reconocimiento y orgullo pueblerino.
Cuando una comunidad reconoce a quienes han contribuido a su desarrollo, no solamente entrega una distinción; también devuelve, aunque sea simbólicamente, una parte de lo que ha recibido de ellos.
Porque los pueblos, al igual que los seres humanos, no deben tener memoria corta ni dejar que el tiempo eche tierra sobre las buenas acciones.
En estos tiempos en que muchas veces se aplaude más el ruido que el mérito, detenerse a reconocer trayectorias constituye un gesto que merece reflexión.
La verdadera grandeza no siempre anda con trompetas ni se anuncia a los cuatro vientos; en ocasiones camina en silencio, trabaja sin hacer bulla y deja que sus obras hablen por ella.
Freddy J. Valerio, Elena Salomón de Germosén, Arismendy Estévez Reyes, Marichal y Alba Carolina Vázquez Almonte pasan así a formar parte de una distinción que simboliza el vínculo entre el ciudadano y la tierra que lo vio crecer, lo acogió o recibió los frutos de su esfuerzo.
El reconocimiento también invita a mirar más allá de los pergaminos y las fotografías oficiales.
Una placa puede adornar una pared, pero el legado de una persona se queda sembrado en la memoria colectiva, donde no hacen falta clavos para sostenerlo. Allí permanece, como semilla que germina en las nuevas generaciones.
La ceremonia, celebrada en el marco de las Fiestas Patronales en honor a San Rafael Arcángel, puso de relieve que las tradiciones no solo se mantienen con música, actividades festivas y encuentros populares, sino también rescatando los valores, la identidad y la historia de quienes han contribuido a construir el Tamboril de hoy.
Reconocer a los hijos meritorios no debe ser una costumbre que se encienda durante las patronales y se apague cuando se desmonten las tarimas.
El mérito necesita memoria permanente, y el ejemplo de quienes han servido a su comunidad debe convertirse en brújula para quienes vienen detrás.
Porque, como decimos los dominicanos, «lo cortés no quita lo valiente», y reconocer las buenas acciones no le resta méritos a nadie; por el contrario, engrandece al pueblo que sabe agradecerlas.
Es verdad que «el buen árbol se conoce por sus frutos», también es cierto que una comunidad se retrata en la forma en que honra a sus mejores hijos.
Tamboril celebró una noche de distinciones, pero el mensaje va mucho más lejos que una ceremonia: los pueblos que honran su historia fortalecen su identidad, y los que reconocen a sus ciudadanos ejemplares siembran esperanza para el mañana.
Al final, cuando las luces de las fiestas se apaguen y el eco de los aplausos se pierda entre las calles del municipio, quedará la pregunta esencial: ¿qué huella estamos dejando para que las futuras generaciones también tengan razones para recordarnos?
Porque la vida pasa como río que no regresa, pero las buenas obras son puentes que permanecen. Y Tamboril, al reconocer a cinco de sus hijos meritorios, recuerda que la gratitud es una virtud, la memoria es un patrimonio y el ejemplo sigue siendo la mejor herencia que una generación puede entregar a la siguiente.
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