Desvelan mural en honor a la educadora Fredesvinda Halls, una mujer que sembró conocimientos y cosechó generaciones

CODIGO32-SIPRED

La obra, creada por los artistas José Mercader y Tony Gómez, inmortaliza en mosaico el rostro de una maestra cuya vocación educativa dejó huellas imborrables en la historia de Tamboril.

Por Rey Arturo Taveras

TAMBORIL, R. D.– La memoria de la insigne educadora Fredesvinda Halls, conocida cariñosamente como doña Fredé, volvió a florecer en el jardín de los recuerdos de este municipio, con el desvelamiento de un mural artístico que perpetúa su rostro y rinde homenaje a una mujer que convirtió las aulas en templos del conocimiento y la enseñanza en un verdadero sacerdocio.

La obra, concebida como un mosaico de profunda significación histórica y cultural, fue realizada por el caricaturista, pintor y escritor José Mercader, junto al destacado pintor Tony Gómez, en el patio del centro educativo que lleva el nombre de la ilustre maestra.

Cada fragmento del mosaico parece guardar una página de su historia; cada pieza, una lección impartida; y cada tonalidad, el eco de aquellas generaciones que encontraron en sus enseñanzas una brújula para orientar sus destinos.

La iniciativa de levantar este monumento artístico surgió del director del plantel, Rafael Sánchez, quien comprendió que los pueblos que honran a sus educadores levantan, al mismo tiempo, los cimientos de su propia grandeza.

Durante el acto de desvelamiento estuvieron presentes familiares de la homenajeada, entre ellos su hija, Ycelsa Collado; su nieta, Alba Almonte, y su bisnieta, Alba Carolina Almonte, quienes compartieron un momento de profunda significación sentimental ante la imagen de una mujer cuya existencia continúa iluminando la memoria familiar y colectiva.

José Mercader destaca el valor histórico y artístico del mural

Durante la ceremonia, José Mercader realizó una exposición sobre la vida y trayectoria de Fredesvinda Halls, resaltando sus aportes al desarrollo educativo y social de Tamboril.

El artista también ofreció explicaciones sobre los materiales empleados y el procedimiento de elaboración del mural en mosaico, una técnica mediante la cual pequeños fragmentos se integran para dar forma a una composición artística de gran fuerza visual.

En esta ocasión, el arte se convirtió en un lenguaje de gratitud, donde las piezas del mosaico parecen reunirse para contar la historia de una mujer que dedicó su existencia a moldear conciencias y abrir ventanas hacia el conocimiento.

Por su parte, el director Rafael Sánchez destacó el extraordinario valor educativo, histórico y cultural de la obra, concebida para mantener viva la memoria de una maestra que hizo de la formación humana una misión permanente.

El educador resaltó la importancia de que las nuevas generaciones conozcan el ejemplo de doña Fredé y comprendan que, detrás de cada escuela, existe una historia construida con sacrificios, sueños y voluntades.

El mural constituye, además, un símbolo de reconocimiento a quienes han entregado sus mejores años a la noble tarea de enseñar, muchas veces desde el anonimato y sin esperar otra recompensa que el progreso de sus alumnos.

Doña Fredé: una vida escrita con la tinta del magisterio

Fredesvinda Halls viuda Collado nació el 25 de abril de 1920 en Santiago de los Caballeros. Fue hija de don Simón Halls y doña Tomasina Budajir.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela México y posteriormente ingresó a la Escuela Normal, donde obtuvo los títulos de bachiller en Ciencias Físicas y Naturales y Maestra Normal de Segunda Enseñanza.

Su inquietud intelectual también la llevó a cursar estudios comerciales en la Academia Santiago, institución en la que obtuvo el título de Dactilógrafa-Mecanógrafa.

Sus primeros pasos en el magisterio los dio precisamente en esa academia, donde impartió la asignatura de Física, iniciando así una trayectoria que habría de convertirla en una de las figuras más representativas de la educación tamborileña.

En 1941 llegó a la Escuela Primaria e Intermedia Sergio A. Hernández, de Tamboril, donde comenzó a escribir, con la tiza del sacrificio y la paciencia, algunas de las páginas más luminosas de su historia profesional.

Desde entonces, su vida quedó estrechamente vinculada al desarrollo educativo de este municipio, donde encontró una segunda patria y sembró raíces tan profundas que ni el paso inexorable del tiempo ha podido borrarlas.

En 1961 asumió la dirección de la Escuela Sergio Augusto Hernández, desde cuya responsabilidad impulsó una labor caracterizada por la disciplina, la orientación pedagógica y el acompañamiento permanente al personal docente.

Doña Fredé entendía que dirigir una escuela no consistía únicamente en administrar sus espacios, sino en cultivar valores, estimular talentos y encender en cada estudiante la lámpara del conocimiento.

Su rigurosidad académica caminaba de la mano con la humildad. Supervisaba los registros escolares y las planificaciones docentes, orientando con prudencia a quienes necesitaban fortalecer sus métodos de enseñanza.

Muchos de sus antiguos alumnos llegaron posteriormente a convertirse en profesores, multiplicando así las semillas que aquella extraordinaria educadora había depositado en sus corazones.

Una mujer que Tamboril adoptó como hija

En 1939 contrajo matrimonio con el reconocido profesor y poeta Juan Antonio Collado, también vinculado a la Escuela Sergio A. Hernández, con quien procreó dos hijas: Alba Nery e Ycelsa.

La unión de ambos educadores representó el encuentro de dos vocaciones consagradas a las letras y al conocimiento, en una época en que enseñar constituía una de las más elevadas expresiones del compromiso social.

Como reconocimiento a sus extraordinarios aportes, en 1987 el Ayuntamiento Municipal de Tamboril la declaró Hija Adoptiva del municipio, mediante una resolución aprobada durante la gestión del síndico Julio Rosario Compres.

Aquella distinción constituyó un abrazo institucional a una mujer que, aunque nacida en Santiago de los Caballeros, había echado raíces espirituales en la tierra tamborileña.

Su nombre también fue asignado a una calle del Residencial Vega, mientras diversas instituciones de servicio y organizaciones culturales reconocieron su fecunda trayectoria.

En febrero de 2015 fue inaugurado formalmente el Centro Educativo Fredesvinda Halls, ubicado en la calle Tomás Hernández Franco, donde actualmente su memoria continúa vinculada a la formación de nuevas generaciones.

Un rostro que desafía el olvido

Con el desvelamiento del mural, el centro educativo que lleva su nombre incorpora a su patrimonio una obra artística que trasciende la belleza de sus formas y adquiere la dimensión de un testimonio histórico.

El rostro de doña Fredé, reconstruido mediante fragmentos de mosaico, parece contemplar silenciosamente el paso de los estudiantes que diariamente transitan por el plantel, como si todavía permaneciera vigilante ante la sagrada responsabilidad de educar.

La iniciativa de Rafael Sánchez y el talento artístico de José Mercader y Tony Gómez han logrado transformar un espacio escolar en un santuario de la memoria, donde el arte y la educación se estrechan las manos para rendir tributo a una existencia ejemplar.

Porque hay seres humanos que, aun después de abandonar físicamente este mundo, permanecen vivos en las obras que construyeron, en las conciencias que despertaron y en los corazones donde sembraron esperanza.

Fredesvinda Halls pertenece a esa estirpe de mujeres cuya grandeza no se mide por los monumentos levantados en su honor, sino por las generaciones que aprendieron a caminar bajo la luz de sus enseñanzas.

Hoy, su rostro permanece grabado en el mural-mosaico de la  escuela que en Tamboril lleva su nombre, pero su verdadero monumento continúa erguido en la memoria de Tamboril.

Porque la muerte puede apagar una vida, pero jamás podrá borrar la luz de quien enseñó a otros a iluminar el mundo.

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