Johan Rosario descubre “el México que no sale en las noticias”
CODIGO32-SIPRED
TAMBORIL, R.D.- El empresario, periodista y escritor Johan Rosario es un bohemio apasionado que se embriaga con la literatura y un viajero consuetudinario del mundo que aprovecha los escenarios por donde transita o pernocta para convertirlos en materia prima de sus escritos.
Desde un país de Asia, África, Europa o América, o desde su lar natal del Caribe, República Dominicana, Rosario acostumbra mirar el mundo con ojos de escritor y describirlo con la sensibilidad de quien encuentra poesía donde otros apenas ven paisajes.
Su más reciente escrito, realizado desde Ciudad de México, es una crónica íntima sobre un despertar mágico que, inevitablemente, termina comparando con las mañanas de su amado Tamboril.
Bajo el título “El México que no sale en las noticias”, Rosario construye un relato donde el viaje se convierte en memoria, la distancia en nostalgia y México en una especie de querencia que, según sus propias palabras, mientras más visita, más siente que acaba de descubrir.
A las cinco y media de la mañana, todavía bajo el influjo del jet lag, abrió los ojos mientras la ciudad mexicana parecía guardar silencio.
Pero aquel silencio le hizo recordar los sonidos de su tierra:
-“No escuché las cigüitas cantoras conversando temprano entre los árboles, ni la gallina ponedora anunciándole al vecindario entero la hazaña desmesurada de un solo huevo, ni la chicharra cantarina cruzando umbrales, patios ajenos y fronteras con esa autoridad inexplicable de quien jamás ha conocido títulos de propiedad.”
Tampoco tenía frente a sí la montaña de Los Leones o Maizal, que describe como un “viejo bohemio cantándole con senil e infantil inocencia a su Penélope que nunca llegará”.
-“Pero estoy en México”, escribe.
Desde esa frase abre una ventana hacia doce años de experiencias, negocios, amistades, viajes y aprendizajes en territorio mexicano.
Rosario recuerda que llegó por primera vez a México en 2014, pese a las advertencias familiares que presagiaban peligros y desgracias. Su madre, según relata, temía que aquel viaje significara exponerse a la violencia y la criminalidad del país.
Sin embargo, el viajero se marchó.
Regresó con historias distintas a las que muchos esperaban: historias de trabajo, cultura, ciudades extraordinarias y hospitalidad.
Durante uno de sus viajes recorrió buena parte del territorio mexicano junto al cineasta, productor y actor Ramon Arturo Herrera Rijo (Monchi). Llegaron hasta Monterrey, Nuevo León, donde filmaron el comercial de aquella aventura empresarial que apenas comenzaba.
El escritor y empresario tamborileño destaca la participación de figuras como Lorenzo de Monteclaro y actores conocidos de las grandes telenovelas mexicanas.
Desde entonces, afirma haber regresado seis o siete veces por año, unas veces por negocios y otras, simplemente, porque le nace hacerlo.
-“Definitivamente México se me volvió querencia”, sentencia.
Entonces Johan se sumerge en un mar de penmsamientos y describe el país que no cabe en una noticia roja
Con visión de periodista ducho y con ojos de águila paradescribir la realidad, reconoce que existe el México marcado por la violencia, el narcotráfico, las disputas criminales, las rutas fronterizas y otras tragedias que, según afirma, no deben ser negadas ni maquilladas. Pero cuestiona que esas realidades puedan convertirse en el retrato absoluto de una nación inmensa y diversa.
-“Lo que no existe es la posibilidad de meter a un país inmenso, diverso y contradictorio dentro de una sola noticia roja.”
Con palabras nostálgicas sientas y punzantes, agrega:
-“El problema comienza cuando la excepción terrible termina convertida en retrato nacional.”
Frente a ese México de los titulares, Rosario coloca otro que, según explica, casi nunca abre los noticiarios: el de los mercados, los volcanes, las plazas, las sobremesas interminables, el mariachi, la gastronomía y barrios como Polanco, Roma, Condesa, Coyoacán y Garibaldi. Es también el México donde, dice, una conversación puede comenzar hablando del clima y terminar resolviendo.
-“el amor, la muerte y la existencia humana”.
De los temores maternos al encanto mexicano, Rosario recuerda que incluso su madre terminó fascinada con el país que años atrás le provocaba preocupación.
Durante sus estudios de Licenciatura en Negocios Internacionales, también cursó parte de la carrera en México. Para su graduación, sus padres viajaron hasta allí y él aprovechó para llevarlos a conocer varias ciudades.
Entonces ocurrió lo que el escritor llama
-“Lo inevitable”: aquella mujer que había preguntado alarmada “Manuel, ¿tú estás oyendo a ese muchacho, que dizque va para México?”, terminó enamorada del país.
Como un apasionado de la filosofia pletórica de reflexiones, Rosario encuentra en esa experiencia una reflexión sobre los prejuicios:
-“Pues viajar sirve también para eso, para descubrir cuántos miedos nos fueron prestados por gente que tampoco había ido nunca.”
En una madrugada para pensar en la vida, la crónica adquiere luego un tono más introspectivo.
Desde uno de esos hoteles de cápsulas donde ha dormido durante su estancia, el escritor compara el diminuto espacio con su condición de cibaeño y cuenta cómo terminó descubriendo una pequeña maravilla: oscuridad absoluta, temperatura perfecta, comodidad y un silencio tan profundo que parecía que alguien había “desenchufado el planeta”.
Afuera está una de las ciudades más grandes del mundo. Adentro, apenas su respiración y él.
Ese silencio lo conduce a pensar en “la cantidad de ruido inútil que cargamos los seres humanos”: rencores, pleitos prestados, resentimientos, envidias, rumores y deseos de apagarle la luz al otro.
Entonces deja una de las reflexiones más breves y simbólicas de su escrito:
-“Terminemoa de aprenda del viento. Del río.
Lo que llega, pasa.”
Con el amanecer acercándose, Rosario se prepara para salir nuevamente a caminar por las calles de Ciudad de México, con la misma curiosidad de aquel muchacho que llegó en 2014 mientras muchos le anunciaban desgracias.
Doce años después, sigue llegando.
Sigue asombrándose como si fuera la primera vez.
Porque, según su reflexión, quizá el secreto de los lugares que uno ama consiste precisamente en que nunca terminamos de conocerlos porque tampoco terminamos de ser la misma persona que regresa.
Tamboril siempre viaja con él. Aunque esté lejos, Tamboril permanece presente.
No están las montañas, las cigüitas ni las chicharras, pero el escritor siente que todo aquello amaneció con él en México.
-“Es ahí que uno descubre, viajando, que Tamboril, Santiago, no es solamente puntos en el mapa. Es una manera de mirar el mundo, de saludar, de querer, de reírse de las desgracias y de seguir colando café aunque anuncien que mañana se acaba la humanidad.”
Con esa mirada cibaeña, Rosario despide su crónica:
-“Buenos días, Cibao querido.”
En este martes, retomando el popular refrán dominicano, escribe:
-“Hoy martes, ni te cases ni te embarques, vuelvo a escribirte desde México, lindo y querido también.”
Su conclusión es, al mismo tiempo, una invitación a viajar y una defensa de la experiencia directa frente al prejuicio:
-“Desde este país que me enseñó que el mundo casi nunca se parece por completo a lo que cuentan de él; que hay que caminarlo, probarlo, conversarlo y mirarlo a los ojos antes de juzgarlo.”
Para quienes todavía piensan que México es solamente aquello terrible que aparece en las noticias, deja una última invitación, cargada de humor y sabor mexicano:
-“Caminen sus calles. Hablen con su gente. Cómanse unos tacos.”
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