El 29 entre el crimen, el desafío al Estado, las redes sociales y el temor del pueblo.

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El 29 entre el crimen,  el desafío al Estado, las redes sociales y el temor del pueblo.

Por Arturo Taveras

La tragedia que envuelve al merenguero Julián Oro Duro, cuya esposa, Zeneida Socorro Castillo, fue asesinada durante un ataque en la residencia de ambos, vuelve a colocar la inseguridad ciudadana en el centro de la conversación nacional. El artista también resultó herido, tras ser torturado y el caso está siendo investigado.

La  horrenda tragedia no es un hecho aislado. Días antes, en Azua, tres asaltantes murieron tras ser perseguidos después del intento de atraco a una remesadora. 

En Boca Chica, un ataque a tiros dejó dos muertos y cinco heridos. En operaciones recientes en Dajabón y Santo Domingo Este también se produjeron alegados enfrentamientos de fugitivos con agentes policiales.

Con esos hechos criminales, el país recibe  un torrente de señales negativas y atemorizantes, al mismo tiempo.

Mientras la Policía intensifica la persecución, algunos grupos parecen desafiar a las autoridades desde las redes sociales y en las calles actuando sin piedad contra un pueblo que vive  asustado. 

El caso de la llamada banda de “Los 600”, cuya existencia y actuaciones deben ser investigadas por las autoridades, forma parte de un paisaje lúgubre donde determinados individuos exhiben armas, se burlan Estado, desafían al gobierno y convierten sus acciones en material para las plataformas digitales.

Aparece, entonces, otro problema: el crimen convertido en espectáculo, como ocurrió con la muerte del antisocial llamado Michael Junior Rodríguez Peguero, alias “Michael el Peluche que tras ser eliminado por la Policía tres mujeres se disputaron el derecho de ser sus amantes . 

Cada atraco, persecución, cadáver o enfrentamiento puede transformarse en video, transmisión, comentario y acumulación de “likes”. Para algunos creadores digitales, la desgracia ajena parece convertirse en mercancía: mientras más escandalosa la imagen, mayor tráfico en las redes sociales y mayores posibilidades de monetización.

La tragedia de unos termina siendo el negocio digital de otros.

En medio de esta batalla ha cobrado notoriedad la expresión “poner en 29”, utilizada por la institución del orden público para referirse a personas que mueren durante supuestos enfrentamientos con agentes policiales.

Pero el término ya tiene peso simbólico en la sociedad muerte a los criminales prófugos de la justicia, aunque en las patas de los caballos corra sangre inocente. 

El poder ejecutivo se muestra desesperado en limpiar la imagen de una Policía desacreditada, cuyo jefe intenta recuperar terreno frente a quienes desafían abiertamente a la autoridad.

El Gobierno de Luis Abinader tiene que emplearse a fondo. Las autoridades reportan que la tasa nacional acumulada de homicidios se mantiene por debajo de años anteriores y que 28 territorios registran tasas de un solo dígito de muertes ligadas a la delincuencia.

Pero las  estadísticas favorable no pueden  convertirse en una venda que impida ver la realidad 

La población quiere resultados, no solamente estadísticas.

Y mientras el Estado intenta contener el crimen organizado, surge una pregunta que no debe descartarse sin investigación: ¿existen estructuras o intereses ocultos que estén aprovechando determinados episodios para alimentar el caos, desafiar al Gobierno y desacreditar sus esfuerzos?

No hay pruebas públicas suficientes para afirmarlo.

Pero tampoco sería prudente ignorar la pregunta.

Porque cuando aparecen grupos que se exhiben en las redes, desafían a las autoridades y convierten sus acciones en contenido viral, el problema deja de ser únicamente policial y adquiere una dimensión social y comunicacional.

La respuesta debe ser firme, inteligente y dentro de la ley.

El delincuente debe saber que el Estado lo persigue; el ciudadano, que el Estado lo protege; y quienes lucran convirtiendo el crimen en espectáculo, que la vida y el dolor ajenos no deberían ser simplemente otra mercancía para conseguir “likes”.

El verdadero triunfo no será contar cuántos terminaron en 29. Será desarticular las bandas, llevar a los responsables ante la Justicia y devolverle a la sociedad algo mucho más valioso que un número: la tranquilidad.


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