Micha: cuando el abandono y la delincuencia se cruzan

CODIGO32-SIPRED
Por Rey Arturo Taveras 
 

SAN FCO. DE MACORÍS-.La historia de Ezequiel Polanco, conocido como “Micha”, vuelve a poner sobre la mesa una realidad que durante décadas ha golpeado a miles de familias: el abandono infantil, la pobreza extrema y la falta de oportunidades pueden convertirse en el terreno fértil donde germina la delincuencia.

Según sus propias declaraciones, Micha nunca conoció el calor de un padre y fue abandonado por su madre cuando apenas tenía seis meses de nacido. 

Sus abuelos, con escasos recursos económicos, asumieron la responsabilidad de criarlo. Sin embargo, la pobreza limitó la posibilidad de ofrecerle una supervisión constante, educación adecuada y un entorno protector.

Su infancia transcurrió entre las calles, donde encontró como compañeros a jóvenes dedicados a actividades ilícitas. 

Allí aprendió que la fuerza, el miedo y el robo parecían ofrecer respuestas inmediatas a necesidades que nadie había atendido.

Con el paso de los años, aquel niño desamparado terminó convirtiéndose en un hombre señalado por múltiples robos de motocicletas y otros atracos en San Francisco de Macorís. Finalmente fue apresado por agentes de la Policía Nacional.

Lo que más ha llamado la atención de la opinión pública no ha sido únicamente su captura, sino las palabras pronunciadas frente a las cámaras. Micha aseguró que no se arrepiente de haber robado y responsabilizó a su familia del camino que tomó. Incluso afirmó que prefiere permanecer en prisión porque allí recibe comida y techo sin tener que preocuparse por sobrevivir.

Sus declaraciones provocan sentimientos encontrados. Por un lado, reflejan la crudeza de una vida marcada por el abandono y la exclusión social. 

Por otro, recuerdan que miles de personas enfrentan pobreza, orfandad y carencias similares sin elegir el camino del delito.

El abandono puede explicar parte de una conducta, pero no la justifica. Cada robo deja víctimas que también luchan diariamente para sostener a sus familias. 

La responsabilidad penal corresponde a quien decide cometer un delito, aunque la sociedad también debe preguntarse cuántas oportunidades perdió ese niño antes de convertirse en un adulto acusado de múltiples hechos criminales.

El caso de Micha invita a reflexionar sobre la importancia de fortalecer las políticas de protección a la niñez, el acceso a la educación, la atención psicológica y los programas de prevención dirigidos a niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. 

Muchas veces, la intervención temprana puede cambiar el destino de una vida.

Mientras el Ministerio Público y la Policía Nacional continúan el proceso judicial y presentan los cargos correspondientes, este caso deja una lección que trasciende los tribunales: una sociedad que abandona a sus niños corre el riesgo de enfrentarlos más tarde en las calles o en las cárceles.

No todos los niños abandonados se convierten en delincuentes, ni todos los delincuentes fueron niños abandonados. Sin embargo, cuando la familia, la comunidad y el Estado fallan simultáneamente, aumentan los riesgos de que algunos encuentren en la delincuencia un camino equivocado del que luego resulta muy difícil regresar.


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