Maestros de Tamboril convierten homenaje de Johan Rosario en un coro de gratitud y orgullo

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TAMBORIL, R.D.- Las palabras que alguna vez salieron de las aulas para enseñar a un niño regresaron convertidas en emoción, orgullo y gratitud, luego de que varias generaciones de educadores de Tamboril reaccionaran al emotivo homenaje escrito por el empresario, periodista y escritor Johan Rosario, quien recordó a los maestros que marcaron su infancia y juventud.

En un texto titulado “Tamboril amanece entre pajaritos cantores y maestros inolvidables”, Rosario evocó el Tamboril de su niñez, sus paisajes, los sonidos de las aves y a los educadores que, según expresó, más que profesores fueron artesanos de vidas humanas.

Su escrito provocó una cadena de respuestas cargadas de afecto, nostalgia y reconocimiento, en las que antiguos maestros describieron al alumno que recuerdan y al intelectual en que se ha convertido.

La educadora Venecia Ovalles le expresó a Rosario que fue uno de sus alumnos que permanece para siempre en el corazón de un maestro.

“Hay alumnos que se quedan para siempre en el corazón del maestro y tú eres uno de ellos; hoy eres mi orgullo”, manifestó Ovalles.

“Te vi crecer entre libretas y sueños en Tamboril, con esa inquietud bonita del que no se conforma con mirar paisaje, sino que quiere describirlo”, escribió.

Ovalles resaltó que aquel niño curioso es hoy un hombre dedicado a la comunicación, la escritura, los viajes y los negocios, sin desprenderse de sus raíces.

“Me llena de orgullo ver en lo que te has convertido: periodista, escritor bohemio apasionado, viajero, empresario y, sobre todo, un tamborilero humilde que pone en alto nuestro pueblo”, afirmó.

En tanto que, la profesora Yania Comprés también respondió al homenaje con palabras de profundo cariño.

“Mi querido alumno Johan Rosario, quiero darte las gracias de todo corazón”, escribió.

Comprés dijo que leer el escrito  de su antiguo alumno le produjo alegría y orgullo, y consideró que saber que un estudiante recuerda con cariño a quienes participaron en su formación constituye uno de los mayores regalos que puede recibir un maestro.

“Siempre fuiste un alumno brillante, hoy convertido en un gran escritor, empresario y, sobre todo, un ser humano noble que ama viajar y ayudar al prójimo”, expresó.

La educadora concluyó deseándole bendiciones y éxitos en sus proyectos, al tiempo que le manifestó: “Te lo mereces”.

Desde Estados Unidos, la educadora Nidia Amézquita se sumó a la lluvia de  reconocimientos hacia Johan  con un mensaje cargado de simbolismo.

“Que no solo canten los pájaros, que también resuenen los cantos de agradecimiento a Dios por darnos la alegría de tenerte como un joven ejemplo del hombre que necesita la sociedad actual”, escribió.

Amézquita definió a Rosario como un orgullo y expresó satisfacción por sus logros y conocimientos.

Otro de los educadores que reaccionó fue Manuel Domínguez, quien recordó a Rosario como aquel muchacho que lo sorprendía diariamente por su sagacidad, seriedad, entrega y dedicación.

Domínguez afirmó que aquellas cualidades ya perfilaban al profesional que sería años después, pero destacó especialmente su evolución humana.

“Lo más importante es que cada día eres mejor ser humano”, expresó.

El educador dijo sentirse orgulloso  de haber tenido a Rosario como alumno, sino también de considerarlo un amigo entrañable.

La educadora Germania Pichardo también respondió al homenaje con una breve, pero afectuosa expresión de reconocimiento:

“Gracias, amor. Tú también eres una luz en Tamboril y querido por todos”.

Desde Estados Unidos, el polifacético comunicador y médico Edilberto Mejía Torres también destacó la trayectoria de Rosario, a quien calificó como una figura vinculada a la comunicación, el empresariado, la literatura y el pensamiento.

“Un lujo tener en cabina a Johan Rosario, símbolo de la ética y el éxito empresarial y una figura destacada de la literatura y el pensamiento contemporáneo”, escribió Mejía Torres.

Una generación que dejó huellas

El homenaje de Rosario nació de una mirada hacia atrás, hacia aquellos años en que Tamboril despertaba entre caminos, patios, escuelas y voces de maestros.

En su escrito, el autor recordó a numerosos educadores que acompañaron distintas etapas de su formación, entre ellos Mirta Rodríguez, Venecia Ovalles, Malena y Chave Vega, Germania Pichardo, Yania Comprés, Dominga Fabián, Felipa y Fermín de los Santos, Yolanda de León, Yolanda Vargas, Arabella Germosén, Manuel Capellán, Mariano y Milagros, entre otros.

También evocó a maestros de su etapa secundaria como Manuel Domínguez, Alcides Ventura, Nidia Amézquita, Javier Mejía, Luis Padilla, Elida Martínez, Ramón, Fernando Fernández, Lourdes Henríquez, Sonia Rojas, Herminia Collado, Matacaba y D-Todo con Tule.

Rosario definió aquella generación como “una generación de oro” y reflexionó sobre la dimensión silenciosa del trabajo docente.

Recordó que aquellos profesores quizá nunca supieron cuántas vidas estaban construyendo mientras corregían libretas, repetían una lección o llamaban la atención a un estudiante inquieto.

“Los años nos enseñan después que muchas de aquellas reprimendas eran cariño disfrazado de firmeza”, escribió.

Utilizó una metáfora particularmente poderosa para resumir la misión de aquellos educadores:

“Trabajaban seres humanos. Algo de sus manos permanece en nosotros.”

El homenaje terminó como comenzó: con Tamboril despertando entre naturaleza y memoria.

“Que canten los pájaros, que despierten los caminos y que nunca olvidemos a quienes, mucho antes de que supiéramos qué haríamos con nuestras vidas, ya estaban ayudándonos a construirlas”, escribió Rosario.

Así, las aulas de ayer volvieron a abrir sus ventanas, esta vez no para impartir una lección, sino para recibir de vuelta el agradecimiento de uno de aquellos alumnos que el tiempo convirtió en profesional, escritor y empresario, pero que todavía conserva en la memoria la voz de sus maestros.


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