Surge indignación colectiva en Tamboril por muerte de Maribel Lora

CODIGO32-SIPRED

Por Rey Arturo Taveras 

La muerte de Maribel Lora, atropellada por un vehículo todoterreno buggies y dejada abandonada herida en Jamao fue tan despiadada que la indignación colectiva de los tamborileños no cabe ya en las calles, ni en los hogares y las redes sociales están al explotar. 

La rabia de la población se ha convertido en un río crecido que golpea las puertas de la Policía Nacional y del Ministerio Público clamando justicia.

Mientras una familia llora bajo el peso de un ataúd, el conductor o conductora del vehículo que destrozó la vida de Maribel Lora anda libre, respirando el aire que a ella le fue arrancado brutalmente sobre el pavimento frío de una calle de Jamao al Norte.

“Maribel no era un perro atropellado y abandonado a la orilla del camino, era un ser humano. No era un saco vacío tirado en el asfalto, Era una mujer llena de salud, alegría y virtudes, una hija querida de Tamboril, una vida cargada de sueños, afectos y sacrificios”. Así escriben los tamborileños en las redes sociales pidiendo justicia. 

La noche en que ocurrió la tragedia, el destino pareció vestirse de verdugo. Un bugui salió de la oscuridad como una bestia metálica sin alma con un monstruo como conductor y embistió a Maribel mientras caminaba junto al hijo de su esposo, el que también resultó herido. 

Después del impacto vino lo más monstruoso: el abandono. El conductor o conductora huyó dejando detrás un cuerpo destrozado y un niño herido gravemente, como si hubiese aplastado una lata vacía y no dos vidas humanas.

Ahí murió Maribel. Sola. Tirada en el pavimento. Mientras el responsable desaparecía tragado por la cobardía.

La sociedad dominicana no puede aceptar una cultura de muerte donde quien mata con un volante simplemente acelera y desaparece. 

El silencio institucional frente a estos hechos se convierte en cómplice moral del crimen. 

Cada hora sin respuestas es una puñalada más para una familia destruida y un mensaje peligroso para el país, al permitir que en República Dominicana se pueda matar a un ser humano y escapar tranquilo sin persecución alguna.

Las palabras del periodista Ramón Martínez, desde Nueva York, retumban como campanas de duelo y de protesta: “Maribel Lora no era un animal”. Ramón tiene razón, porque cuando un pueblo grita algo tan obvio, es porque la justicia ha comenzado a perder el rostro humano.

Tamboril exige respuestas. Jamao al Norte exige respuestas. La sociedad exige respuestas. Las autoridades no pueden esconderse detrás de expedientes lentos ni investigaciones tibias. 

“Aquí se necesita una pesquisa agresiva, profunda y urgente. Cámaras existen. Testigos existen. En esas comunidades todos saben quiénes conducen buguis, quiénes transitan de madrugada y quiénes desaparecieron después de la tragedia. La verdad no puede quedarse enterrada junto a Maribel” - escribió otro cibernauta.

“La Policía Nacional y la Procuraduría General tienen el deber moral y legal de actuar con firmeza. No basta con prometer investigaciones; hay que encontrar responsables. Porque cuando la justicia se vuelve lenta, el dolor se transforma en furia social” 

Tamboril no solo llora a Maribel Lora,  también llora la impotencia de ver cómo la muerte corre más rápido que la justicia.



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