Guerra Silenciosa por el Poder enciende aspiraciones en el PRM
En los pasillos del poder, donde las sonrisas suelen esconder ajedreces invisibles y los abrazos políticos llevan cosidas las espinas de la estrategia, comienza a dibujarse una jugada que muchos observan con cautela dentro del Partido Revolucionario Moderno.
Las aspiraciones futuras del alcalde de Santiago, Ulises Rodríguez, parecen más que un simple ejercicio de crecimiento político: lucen como una pieza cuidadosamente movida por la mano experimentada de Hipólito Mejía, un viejo zorro de la política dominicana que conoce los senderos ocultos del poder como quien conoce las arrugas de sus propias manos.
Ulises no surgió del vacío. Su figura política fue moldeada en los años ardientes del gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004), cuando el PRD era un río desbordado de pasiones y confrontaciones.
Allí creció, aprendió y se fortaleció bajo la sombra del líder cibaeño, a quien evidentemente guarda lealtad y agradecimiento político.
Por eso, muchos interpretan que el reciente murmullo sobre una eventual candidatura vicepresidencial de Ulises no nace por casualidad, sino como parte de una arquitectura diseñada desde las entrañas del hipolitismo.
El anuncio difundido por el periodista José Alfredo Espinal ha caído como piedra en estanque quieto. Las ondas se expanden dentro del PRM mientras unos sonríen y otros aprietan los dientes. En política, cuando se comienza a mencionar a un alcalde como presidenciable o vicepresidenciable, no se está lanzando una flor al viento; se está enviando un mensaje.
El mensaje parece claro: el proyecto Carolina-Ulises comienza a cocinarse a fuego lento, mientras Hipólito recorre el país como un sembrador de nostalgias, promoviendo a su hija Carolina Mejía, pero dejando detrás un eco que no pasa desapercibido: “Llegó Papá, la última vuelta”. Ese eslogan no parece simplemente una frase de campaña; suena como un tambor lejano anunciando que el viejo caudillo todavía no abandona la idea de volver al ruedo si las circunstancias políticas lo obligan.
Hipólito sabe que el poder no se hereda como una finca; se construye, se protege y se negocia.
Ante el avance silencioso de David Collado dentro del PRM, el expresidente parece mover sus piezas para evitar que su corriente pierda terreno. La salida del presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, hacia el proyecto de Collado, dejó grietas visibles en el muro del hipolitismo. A eso se suma la influencia creciente de figuras como Víctor D’Aza y Kelvin Cruz, cuyos respaldos también inclinan la balanza hacia David.
En ese tablero movedizo, Ulises aparece como una muralla estratégica en Santiago, una plaza decisiva de contiendas electorales donde David Collado aún no logra sembrar raíces profundas.
El alcalde santiaguero posee estructura, presencia y una imagen de administrador eficiente que le da oxígeno político. Pero tampoco camina sobre rosas. Frente a él se levantan corrientes poderosas encabezadas por Andrés Cueto, Rosa Santos y otros sectores que respaldan a Wellington Arnaud, Guido Gómez Mazara y otras figuras presidenciales.
El PRM comienza así a parecerse a una caldera cubierta: por fuera luce estable, pero por dentro hierven alianzas, ambiciones y silencios calculados.
Mientras las corrientes internas del PRM chocan como ríos crecidos en temporada ciclónica, el país observa cómo los herederos del poder afilan discursos, levantan estructuras y ensayan sonrisas falsas que parecen muecas humorísticas.
En política, como en las viejas tragedias griegas, nadie mueve una pieza de forma inocentemente inocente ni placentera . Detrás de cada candidatura anunciada, suele esconderse la sombra de una estrategia mayor.


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