Grupo “Unidos Somos Más” atribuye a granceras inundaciones en Puerto Plata
Por Rey Arturo Taveras
El grupo comunitario “Unidos Somos Más” ha alzado su voz como campana de alerta, atribuyendo a las operaciones de granceras la furia desatada del río río Camú que, como bestia sin riendas, se desbordó sobre hogares vulnerables y sin esperanzas, en Puerto Plata.
La doctora Yanilsa Cruz, líder del movimiento, acudió junto a un ejército de voluntarios, hombres y mujeres m. con el alma en las manos, hasta Villa Montellano, donde el agua inundó calles, viviendas y destruyó puentes.
Los integrantes de “Unidos Somos Más” también encontraron tristeza donde antes había risas y alegría. Sin embargo, con amor en las manos, repartieron alimentos, medicamentos y ayudaron a rescatar del lodo muebles, electrodomésticos y otros ajuares convertidos en náufragos.
El desbordamiento del Camú no fue un simple capricho de la naturaleza, según denuncian los comunitarios, sino el eco de una intervención humana que habría alterado su cauce y su paciencia, como si el río, cansado de ser domesticado por prácticas depredadoras, hubiese decidido reclamar su antiguo territorio con violencia desmedida.
En la comunidad de Pancho Mateo, un niño de apenas tres años fue arrancado de los brazos de la vida por la corriente implacable. Su partida fue una herida abierta que sangra en el pecho colectivo de la provincia.
A este dolor se suma el colapso del puente sobre el Camú, arteria vital que yace como un gigante vencido sobre el cauce del río. La caída de esta estructura dejó incomunicadas a comunidades como Yásica y la propia Villa Montellano, interrumpiendo el flujo entre Puerto Plata y Santiago de los Caballeros, como si el país se hubiese partido en dos por un golpe de agua.
“Unidos Somos Más” insiste en que no basta con llorar sobre el agua derramada y exige una investigación profunda, así como responsabilidades claras sobre las causas de las inundaciones.
Los comunitarios afirman que cuando el río se desborda, no siempre la lluvia es la culpable, también es la mano del hombre la que abre la compuerta del desastre.
Mientras tanto, en Montellano, el barro aún no se seca y el dolor tampoco. Pero entre los escombros también germina la solidaridad, esa semilla que, incluso en medio del desastre, se niega a morir.
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