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domingo, 26 de febrero de 2023

Pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla

CODIGO 32
Por Andrés Beato Betances 
(El autor es periodista y escritor)


Tras celebrarse este 27 de febrero la conmemoración del 179 aniversario de nuestra independencia, para liberarnos del yugo que por  22 años estuvo sometida la República Dominicana por las bestias haitianas, es necesario la unidad de nuestro pueblo para que no vuelva a repetirse ese amargo recuerdo.
Hoy como en ningún otro momento no puede haber división de nuestra gente, entendiendo que la comunidad internacional busca a través de engaños y mentiras que el país cargue con la mal pesada cruz del Estado fallido de Haití. Pero ellos deben comprender que somos dos culturas con idiomas y pensamientos distintos.
Los ideales de Juan Pablo Duarte y los demás que formaron el movimiento La Trinitaria deben prevalecer en la mente de cada uno de nosotros los dominicanos.
Eso tienen que saberlos además Luis Abinader y los congresistas que fueron elegidos por los votos de los dominicanos y no por los votos de los haitianos. Aprobar proyectos que atenten contra la existencia del país son considerados de alta traición.

No obstante, reproduzco un artículo escrito por el doctor Joaquín Balaguer y publicado por el periódico La Información de Santiago en el año  1927 y trata sobre el problema haitiano, una sombra sin luz propia que siempre ha constituido un problema para República Dominicana. El mismo dice así y abro la cita.

Hay para la vida de nuestra identidad republicana un peligro más grave en la vecindad del imperialismo haitiano que en la expansiva absorción pródiga en acechanzas del imperialismo angloamericano.
Es menos alarmante para la salud de la República el soplo imperialista que nos llega de Estados Unidos que el oleaje arrollador del funesto mar de carbón que ruge y como un león encadenado, en el círculo que opone a sus sueños de expansión la inmutabilidad legal de las fronteras.
Hasta ahora, sólo nos ha preocupado el imperialismo angloamericano. Pero el imperialismo de Haití, irritante y ridículo, tenaz y pretencioso conspira con mayor terquedad contra la subsistencia de nuestro edificio nacional, digno sin duda de más sólida y firme arquitectura.
Haití, como lo demuestran sus vinculaciones con la Patria Dominicana, es una nación esencialmente imperialista.
Todos los mandatarios de aquel pais vecino han tenido y tienen todavía la obsesión de abatir la República Dominicana con el acecho de sus espadas imperiales.
El sueño de la isla una e indivisible es una pesadilla que ha echado tenebrosa raíces en el África tenebrosa de la conciencia nacional haitiana. Somos pueblos vecinos pero no pueblos hermanos.
Cien codos por encima de la vecindad geografica se levantan la disparidad de origen y los caracteres resueltamente antinómicos que nos separan en las relaciones de la cultura y en las defensas de la historia. De ahí que no creemos en la mentirosa confraternidad domínico_haitiana.
El el Palacio Presidencial de Haití han habido y habitan los peores enemigos de la viabilidad de nuestro ideal republicano.
Por eso, la obra de más empeño cívico después de la creación de la República, es y será la colonización del litoral fronterizo.
Si por algo ha de pasar Horacio Vasquez con resplandores de inmortalidad al libro de la historia es por la colonización de las fronteras.
Esa es la obra más llamada a dar a nuestra nacionalidad vida imperecedera. La República está bajo la amenaza de dos imperialismo igualmente malditos, el angloamericano y el haitiano.
Con el primero hay que poner las ejecutorias ejemplares de una existencia ciudadana, absolutamente sujeta a los postulados y a las normas de una moral politica llamada a hacer perdurar en la historia nuestra identidad republicana.
Pero contra el imperialismo haitiano, lo que necesitamos es realizar una completa y cientifica colonización del litoral fronterizo y establecer el servicio militar obligatorio para que cada ciudadano pueda ser un baluarte desde cuyas amenazas se alce la bandera de la República desplegada a todos vientos por la grandeza del derecho armado. Fin de la cita.

Concluyo este trabajo diciendo que fusionar la selva de concreto haitiana con la República Dominicana es poner en peligro nuestra identidad cultural y la existencia como Nación libre y soberana. 
Es retroceder y tirar por la borda lo poco que hemos logrado en los 50 años de vida democrática.
Los dejos con dos célebres frases del Patricio Juan Pablo Duarte.

Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio, hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la patria.

El gobierno debes mostrarse justo y enérgico o no tendremos patria.

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