Haverstraw se pone de pie para honrar a Ramón Liz

CODIGO32-SIPRED

PRM de Haverstraw, Seccional de Nueva York y Quisqueya Sports Club reconocen casi medio siglo de militancia, servicio y entrega a la comunidad dominicana.

Por Rey Arturo Taveras 

HAVERSTRAW, NEW YORK.- Hay hombres que llegan a una ciudad buscando un futuro y terminan dejando una historia en ella. Ese es el caso de Ramón Liz quien llegó hace casi medio siglo a Haverstraw detrás del llamado sueño americano y con el paso de los años, aquel inmigrante dominicano construyó su propio camino y  sembró servicio, solidaridad y compromiso en la comunidad donde ha pasado la mayor parte de su vida.

A sus 72 años cumplidos, Ramón Liz recibió un homenaje que tuvo el sabor de la gratitud y la fuerza de un abrazo colectivo.

 El PRM de Haverstraw, el PRM Seccional de Nueva York y el Quisqueya Sports Club unieron sus voces para reconocer una trayectoria marcada por la militancia política, el trabajo comunitario y la defensa de sus ideales.

El acto fue celebrado el pasado sábado 12, en el 8 First Street, cerca del correo de la Villa de Haverstraw, donde familiares, amigos, dirigentes políticos y miembros de la comunidad acudieron para acompañar al homenajeado, quien atraviesa actualmente un quebranto de salud.

UN DOMINICANO DE RAÍCES PROFUNDAS

Las raíces de Ramón Liz atraviesan diversos puntos de la geografía dominicana. Su familia procede de Los Linderos de Tamboril, Gurabo, Canca La Piedra y San Víctor, territorios que permanecen vivos en su memoria y que forman parte de la identidad que llevó consigo al emigrar.

En Haverstraw encontró un nuevo escenario, pero nunca dejó atrás sus raíces. Allí desarrolló una vida vinculada a la política y a los clubes sociales, convirtiéndose en parte activa de una comunidad que hoy le devuelve, en forma de reconocimiento, parte de lo que durante años entregó.

Ramón Liz se ha caracterizado por ser un militante firme, entregado, decidido y sin miedo cuando se trata de defender o promover los ideales de su partido.

Su trayectoria política ha estado marcada por la perseverancia y la disposición de asumir responsabilidades sin mirar hacia atrás.

CUANDO LA EMOCIÓN Y LAS LÁGRIMAS HABLAN JUNTAS 

Las placas de reconocimiento fueron entregadas por Clemente Ferreira, en representación del PRM de Haverstraw; Altagracia Soldevila, por el PRM Seccional de Nueva York, y Joseph Silverio, en representación del Quisqueya Sports Club.

Pero el momento más conmovedor llegó cuando Ramón Liz tomó la palabra.

La emoción le ganó la batalla a las palabras. Sus ojos se llenaron de lágrimas y su voz entrecortada dejó al descubierto la dimensión humana de aquel instante.

“Gracias de corazón a mi familia, a mi comunidad y a estas instituciones que hoy me honran. Este reconocimiento lo llevaré siempre en mi alma”.

Fue un momento en que la placa dejó de ser metal para convertirse en memoria, y el homenaje dejó de ser ceremonia para convertirse en sentimiento.

DE LOS RECONOCIMIENTOS A LA FIESTA

Después del acto formal, la solemnidad dio paso a la alegría. Un exquisito buffet reunió a los presentes, mientras familiares y amigos compartían recuerdos y anécdotas.

Un espectacular karaoke encendió el ambiente y las canciones comenzaron a llenar el ambiente de fiesta, las voces se mezclaron y algunos terminaron bailando, demostrando que incluso en medio de las dificultades la comunidad sabe encontrar razones para celebrar.

Así terminó una jornada que comenzó con reconocimientos y terminó con abrazos, música y confraternidad.

UN HOMENAJE A LA HUELLA DE UN LÍDER SOCIAL 

Más que la entrega de tres placas, él  reconocimiento a Ramón Liz representa el valor dado a una vida de presencia, militancia, sacrificio y servicio comunitario.

Porque los años pueden pasar como páginas de un calendario, pero las obras permanecen.

En Haverstraw, donde Ramón Liz ha vivido casi medio siglo, quienes participaron en el homenaje quisieron dejar claro que una vida dedicada a la comunidad no puede caer en el olvido.

El PRM de Haverstraw reafirmó así su compromiso de exaltar a hombres y mujeres que, desde la diáspora, contribuyen con su ejemplo a mantener encendida la llama de la dominicanidad.


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