Fallece Ana Rosario viuda Taveras, tía del empresario Johan Rosario
NUEVA YORK. -En la madrugada de este viernes se apagó la luz de Ana Rosario viuda Taveras, tía del empresario, periodista y escritor dominicano Johan Rosario, una mujer que, más que pariente, fue madre del alma y refugio entrañable del reconocido comunicador.
La noticia estremeció las redes sociales del autor, donde publicó un mensaje que, más que nota luctuosa, fue un desgarrado testimonio de amor y nostalgia.
“Uno de mis grandes amores se ha ido”, escribió, Johan acompañado de una crónica íntima y conmovedora sobre la partida de “mi otra madre”.
Rosario relató que la muerte de su tía lo sorprendió lejos, “sin llegar a tiempo”, pero “el amor no entiende de relojes”. Su tía Ana, deja un vacío “taladrante”, una herida que no es solo tristeza sino “amputación del alma”.
En su homenaje público, el escritor describió a Ana Rosario como un manojo de ternura pura, “escudo, cobijo, pan caliente, concón guardado, calle aprendida de la mano, mirada que protegía sin preguntar”. No fue solo su tía, afirmó: “Nunca fui su sobrino: fui su hijo del alma”.
Recordó que en su última visita , a su morada de New York, ella lo llamó con una frase que ahora siente como herida y sostén:
“Johan, el de Pina y Manuel… mi hijo”.
El periodista evoca el patio florido donde ella solía sentarse, su sonrisa limpia, el aroma inconfundible de su carne guisada, y ese amor feroz con que lo defendía de cualquiera que osara hablar mal de él: “Llegó a echar gente de la casa por una palabra torcida contra mí.”
Pese al dolor hondo, Rosario reconoce una paz que comienza a abrirse paso: la certeza de que el legado humano de su tía. bondad silenciosa, grandeza sencilla, amor sin condiciones, permanecerá intacto en su familia y en todos aquellos a quienes tocó.
“Tía Ana no se va del todo”, escribió. “Se queda en Nani, en Papi, en Verónica, en Pablito, en Dahiana, en Tito, en Elisaul, en Tío Neftalí, en Madrina Lucrecia, en mami Pina… Se queda en mí. En todo lo que soy. En todo lo que intento ser.”
En su despedida final, Rosario imagina el recibimiento celestial de su adorada tía.
“Estoy seguro de que ya te esperaban Yeyá, papi Manuel, Papatavio, tío Juancito, tío Antonio, tío Ubaldo y tío Ñé… con los brazos abiertos y la luz encendida.”
La familia aún no ha informado sobre los detalles funerarios.
Mientras tanto, el luto que deja Ana Rosario se extiende entre quienes la conocieron como símbolo de amor firme, bondad infinita y maternidad sin título.

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